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Misoginia institucional en Mendoza

Mendoza vuelve a ser escenario una vez más de crímenes que desvelan a todo el país. El presunto abuso sexual con acceso carnal de siete rugbiers  contra una joven ya  no resulta en lo absoluto un hecho aislado de violencia contra las mujeres, sino un capítulo más en una serie de crímenes de género que se caracterizan por su crueldad y desenfreno, perpetrados en nuestra Provincia.

Pero estos hechos atroces que relatan hasta el hartazgo con sus más morbosos detalles los medios de comunicación, tal vez no sean sino una expresión más de una situación sistémica que vive la provincia y que es reforzada por una institucionalidad que no sólo no se hace responsable de su misoginia, sino que la cultiva día a día en la mayor de las naturalizaciones.

Y entonces, aunque sea menos jugoso en términos de marketing mediático, tampoco resultan hechos aislados los episodios por los que han sido cuestionados, imputados o incluso condenados distintos funcionarios del gobierno provincial o del poder político judicial aliado. Impugnaciones por homofobia, condenas por maltrato laboral hacia mujeres, imputaciones por violencia de género, por sólo enumerar algunas.

Lo que es peor, estas mismas consideraciones resultan ser graves cuando sus protagonistas son hombres comunes y corrientes, pero esa gravedad se vuelve líquida hasta evaporarse cuando los sindicados son hombres convenientemente blancos, con dinero, “deportistas exitosos” y/o con influencias políticas. Siendo esto último un claro atributo que podría direccionar  y entorpecer las investigaciones judiciales en su contra, y por tanto una de las causales que ameritan prisión preventiva. Claro que justo en estos últimos casos, los investigados permanecen en libertad durante la sustanciación del proceso.
Esto resulta cuanto menos un indicio de que esa perspectiva de género que se dice defender, no existe. Existe una causa de la democracia, como es la lucha contra el maltrato hacia las mujeres, que está siendo utilizada por el poder de turno para seguir encarcelando, criminalizando y estigmatizando a los de siempre. Y por supuesto esta causa no se aplica cuando el agresor implicado está guarecido al calor del poder.

Esta afirmación se confirma y refuerza también con una institucionalidad que realiza gestión-maquillaje. Se re abre un refugio para mujeres víctimas de violencia de género pero no se habla del desmantelamiento de las políticas públicas en ese sentido. Se abre una unidad fiscal especial de violencia de género y se convoca a quien “quiera participar”, según palabras del ministro de seguridad, que por otro lado no tiene por qué inspeccionar el funcionamiento de las unidades fiscales ya que eso es responsabilidad del Ministerio Público, que no forma parte del Poder Ejecutivo y que debe mantenerse independiente de él, según lo establecen los principios republicanos de contralor y libertad entre los Poderes del Estado.

Por supuesto que la ecuación sólo puede cerrar con medios de comunicación masiva que contribuyen a la desinformación en cuanto a los actos de gobierno, se regodean hasta el detalle con los crímenes perversos y al mismo tiempo refuerzan estereotipos de una feminidad que sólo puede ser objeto sexual, madre abnegada o víctima criminal.

La misoginia existe cuando se naturaliza en el pensamiento y en la acción el maltrato, la marginación y los comportamientos hostiles, agresivos y machistas hacia las mujeres. Cuando estas lógicas se instalan en las instituciones, se produce la Misoginia Institucional.

Cierto es que la historia de las instituciones es la historia del patriarcado, porque desde tiempos inmemoriales estas han sido creadas, diseñadas, desarrolladas y puestas en funcionamiento por hombres y para hombres. Esa es una cuenta pendiente de la democracia hacia la otra mitad de la población que somos las mujeres. Sin embargo una cosa es realizar este diagnóstico sistémico que resulta generalizado en casi todo el mundo y otra cosa muy distinta es vivir en una situación de Misoginia Institucional en el contexto provincial actual, donde existe la oportunidad cierta de recoger la demanda de la sociedad y tomar la decisión política de incorporar la perspectiva de género en la gestión. Por el contrario y muy lejos de eso, a pesar de las masivas manifestaciones y el aumento insoslayable de la violencia de género, la gestión Cornejo mira para otro lado.

En pleno siglo XXI sigue existiendo una masculinidad que grita, viola, pega y mata mujeres para asegurar su dominio. Una masculinidad que exige y necesita cómplices, para reproducir los privilegios de los que se sirve cada día. Insistimos en que el Estado, como herramienta del pueblo para la protección del bien común, debe ser parte de la solución y no parte del problema.

Por Florencia Canali
Secretaria de Género
Partido Nuevo Encuentro Mendoza

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