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El sistema de patentes como motor de Investigación y Desarrollo

El Director Ejecutivo de Cáncer con Ciencia de la Fundación Sales, Lic. Arturo Prins, participó del encuentro “Las patentes y su impacto en la innovación” desarrollado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) y el Instituto Nacional de la Propiedad Intelectual (INPI).

En el panel “El sistema de patentes como mecanismo para la Transferencia de Tecnología: De los centros de investigación a la industria” participaron también el CONICET y el embajador de Australia en la Argentina.

Prins presentó como un ejemplo concreto de cooperación el trabajo que desde 1989 vienen desarrollando el CONICET y la Fundación Sales, el cual está muy cercano a lograr una vacuna terapéutica contra el melanoma, el más grave cáncer de piel y que no tiene hoy una medicina eficaz. Recordó que “hace 27 años, el CONICET aprobó un Régimen de Propiedad de Resultados de la Investigación Científica y Tecnológica, en un todo de acuerdo con la Ley Mitre 111 de patentes, sancionada en 1864. Por este Régimen, entidades públicas o privadas pueden celebrar convenios, como el que SALES mantiene con el CONICET, para financiar investigaciones de sus científicos y participar de los beneficios económicos o regalías por la comercialización que la industria haga de sus resultados”.

Si bien la Fundación desarrolla cinco programas en conjunto con el CONICET, Prins se refirió al que dirige el doctor José Mordoh sobre la vacuna terapéutica para el melanoma. “Fundación SALES ha aportado a este Programa más de 5 millones de dólares, en becas, equipos de alta tecnología, drogas, bioterios, viajes a congresos, publicaciones, patentes y gastos de los ensayos clínicos de la mencionada vacuna. El CONICET aporta los salarios y becas de los científicos y la estructura de los laboratorios donde investigan”, destacó.

Ambas instituciones ya cuentan con la patente de la vacuna en 21 países. “Debido a que somos una organización sin fines de lucro, todas las regalías que se obtengan por la vacuna serán destinadas a nuevas investigaciones en salud”, dijo Prins.
Este desarrollo de científicos nacionales también despertó el interés en Australia, país con el mayor grado de melanoma en el mundo. Así, se dispuso el trabajo conjunto entre científicos de ambos países en el marco de un acuerdo de cooperación científica.

Australia fomenta la innovación
El Embajador de Australia en Argentina, Noel Campbell, destacó que su país ha tenido un crecimiento económico continuo durante 25 años y se refirió al aporte que significa el sistema de patentes así como a la relación con las universidades y los centros de investigación dado que fueron “un elemento importante en el desarrollo económico”. Recordó que Australia cuenta con una Ley de Propiedad Intelectual que fomenta la innovación y protege a aquellos que desarrollan la propiedad intelectual original. “Durante 2016, el 21% de las empresas australianas solicitó la propiedad intelectual de sus desarrollos”, destacó.
Con diversas herramientas que alientan la innovación y su consiguiente registro, Australia se ubicó en el puesto 14 de solicitud de patentes a nivel mundial. Se destacan las universidades y los institutos de investigación médica, ya que constituyen 10 de los primeros 15 solicitantes de patentes. Sin embargo, al comparar los números con los otros países de la OCDE Campbell señaló que se deben “crear incentivos para aumentar la colaboración entre las universidades y las empresas, mejorar la movilidad profesional entre las empresas, el sector académico y el Gobierno, además de brindar incentivos para la inversión compartida entre los actores”.

La Argentina define criterios para proteger y licenciar las investigaciones
En la Argentina, uno de los organismos encargados de llevar adelante el proceso de Investigación y Desarrollo (I+D) es el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) que trabaja en la articulación entre el sector público y el privado colaborando con el desarrollo de la industria. “En los últimos años estamos apostando a un contexto de innovación abierta en donde podamos apalancar el modelo entre los que estaban más dispuestos a invertir en desarrollo y nosotros que nos orientamos más a la investigación”, explicó Juan Soria, Director de Vinculación Tecnológica del CONICET. Dijo que de las diferentes modalidades de trabajo que realiza el organismo, en los cuales se engloba la I+D, la tecnología y los recursos humanos, es de donde surge la propiedad intelectual que posibilita la explotación comercial de forma exitosa.

Soria destacó que es necesario definir criterios que permitan proteger y licenciar las investigaciones. “Es un trabajo que excede al CONICET y que involucra a universidades, organizaciones y a los privados para que se entienda qué significa la titularidad y su diferencia con una licencia”. Así señaló que la tecnología debe llegar a la gente para promover el desarrollo del país, además de entender el proyecto como un negocio. “Las empresas están haciendo un negocio y si no es un negocio no hay licencia para discutir”, dice Soria. Finalmente el Director señaló el carácter de institución pública del CONICET y por ende el foco puesto en el bienestar de la gente y que la tecnología sobre la cual se trabaja llegue a ella produciendo un beneficio.
Soria resaltó que “para Argentina existe una oportunidad en las capacidades de I+D de las instituciones públicas y el sistema de patentes es importante para motorizar o hacer posible la explotación comercial de los desarrollos”.

El país en el puesto 49 en innovación económica
Teniendo en cuenta el índice de innovación económica 2017, desarrollado por la agencia Bloomberg, se puede observar que la Argentina se encuentra en el puesto 49; por debajo de Brasil que ocupa el 46. El podio es ocupado por Corea del Sur y le siguen Suecia, Alemania, Suiza y Finlandia en la quinta posición. Este índice toma en cuenta variables como porcentaje del PBI destinado a Investigación y Desarrollo, valor agregado de las manufacturas como porcentaje del PBI, aumento del PBI per cápita en los últimos tres años, número de compañías de alta tecnología como porcentaje del total, estudiantes de posgrado, trabajadores con estudios universitarios y porcentaje de graduados en ingenierías y ciencias; profesionales dedicados a la investigación por cada millón de habitantes; y patentes cada millón de habitantes y cada millón de dólares invertidos en investigación.
Este acento en el desarrollo y formación del conocimiento que destaca la agencia, es también ponderado por el Banco Mundial que calculó ya a fines de los 90 que los 29 países que concentraban el 80% de la riqueza total del planeta debían su condición en un 67% al capital intelectual, educación, investigación científica y tecnológica y sistemas de información. El 17% a su capital natural, es decir las materias primas, y un 16% a su capital productivo como maquinaria e infraestructura. Pero además la entidad señaló que esta es una tendencia que sigue en crecimiento y aumenta cada vez más la brecha en la distribución de la riqueza.
Es así que el proceso de I+D adquiere cada vez más relevancia tanto para el desarrollo de la economía como para el progreso social general. Tal como expresó el fundador de Microsoft, Bill Gates, durante una reciente visita al Reino Unido y Francia: “la investigación y el desarrollo traen un gran beneficio para los países que realizan la investigación, ya que crea puestos de trabajo bien remunerados, fomenta el crecimiento del talento, y se acumula la capacidad científica del país que paga por ella”.

 

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