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Opinión: El escenario después de las PASO del 13 de Agosto en San Luis

En el documento ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LAS PASO EN LA PROVINCIA DE SAN LUIS (llevadas a cabo el domingo 13 de agosto de 2017), pudimos establecer, a través de los fríos números, el saldo incuestionable que quedó después de ellas. Y, también, avanzar en algunas interpretaciones sobre el por qué de los resultados que arrojaron.

Hoy, luego de haber transcurrido un mes de la fecha señalada, sería menester:

  1.                 a) describir, en la medida de lo posible y a grandes rasgos, el nuevo escenario que se  ha presentado;
  2.     b) Intentar adelantar las variaciones, acciones y maniobras políticas que, eventualmente, puedan advertirse, infiriendo -a partir de ese análisis-:

1°) qué planes se proyectan; y

2°) de qué manera se ejecutan.

Para tal finalidad, es necesario desarrollar algunos comentarios e interpretaciones que, siguiendo el hilo conductor expresado por el Pueblo de la provincia, nos permita alcanzarlos. Y, además, contar con el adecuado (o más cercano posible) conocimiento que, de su lectura, han hecho las dos fuerzas políticas en pugna;

Y c) Por último, asentado en ese examen, intentar visualizar o escudriñar lo que potencialmente sobrevendrá el 22 de octubre, fecha final prevista para las elecciones generales de medio término.

Empecemos, por el principio:

 

 

-I.-)

 

  • EL NUEVO ESCENARIO:

 

 

  1. En primer lugar, hay que destacar el giro copernicano (de 180°) de la voluntad popular. La oposición reemplazó al oficialismo       -con creces- en los guarismos obtenidos, cambiando éste su lugar con aquella. Exactamente al revés de lo que venía ocurriendo desde hace largos años (ahora, el oficialismo se vino abajo y la oposición quedó arriba). Aquel se calificaba a sí mismo, con un orgullo imposible de ocultar, como “invencible”. Y, en el caso que nos ocupa, fue derrotado estrepitosamente, asestándosele un golpe casi demoledor.
  2. Este pasar de un extremo a otro, súbitamente, a través de una elección (aunque “la transición” revelaba signos vigorosos, demostrando que venía en progreso y anunciaba que no estaba lejos), trae aparejada una situación distinta, contrapuesta, para cada uno de ellos: en  el oficialismo una sensación de páramo, de tristeza e incomprensión; en la oposición una conmoción de vergel y alegría, de algo anhelado e inusitado.
  3. Lo que determina: a) para el oficialismo situarse en un lugar casi desconocido, en el que no se había pensado o se había eludido hacerlo, sin ninguna de las comodidades y privilegios de los que anteriormente gozaba (excepto el gobierno, que no es nada menor);  y b) para la oposición ubicarse en una zona con la que había soñado largo tiempo, casi como algo inalcanzable, como una utopía o quimera (y ahora la tiene en sus manos).

Lo que significa que ambos, tanto el oficialismo como la oposición, se encuentran en un lugar desacostumbrado, sobre el que no tienen  experiencia. Es indispensable, por ende, reconocer las nuevas circunstancias, reacomodarse asumiendo las consecuencias e incorporando nuevos elementos y conceptos en su accionar (ya nada será igual que antes). Proceso éste, que siempre requiere tiempo (la “subitaneidad en el tránsito” es prácticamente imposible, al menos en política) y puede generar o conllevar diferentes efectos, aunque nunca iguales.-

-II.-)

  1. b) LAS VARIACIONES:

Veamos ahora, entonces, las variaciones, acciones y maniobras políticas que pueden observarse, y -en alguna medida- permiten descubrir la estrategia y tácticas que se están desenvolviendo en esta nueva etapa electoral:

1°) En el caso de la oposición (Alianza Avanzar y Cambiemos) se advierte, claramente, que se insistirá con las estrategia y tácticas que ha venido llevando a cabo. En este caso, no hay por qué “cambiar”. Los resultados han sido altamente positivos; quizá, mucho más de lo que se esperaban (lo demuestra la alegría, que es la emoción que prima en sus filas). Lo que está indicando que es conveniente seguir con las mismas acciones, operaciones y maniobras; en todo caso acentuándolas, haciéndolas más concretas, persistentes y específicas. Y, al mismo tiempo, abriendo -con humildad y respeto- los brazos para cobijar a todos aquellos ciudadanos que todavía están dudosos o tienen sospechas que no se cumpla con lo prometido. El líder de esta fuerza política, ha dicho -sin empachos y con certeza- que “no hay que sacarle la lengua a nadie”, por el contrario “hay que ofrecerle las manos para marchar todos juntos en esta etapa de recambio y renovación, que necesita imperiosamente el Pueblo de la provincia de San Luís”.

Pero, el peor error que podría cometer sería descuidarse, conformarse con lo logrado y “dormirse en los laureles”. Cualquier distracción le costaría muy caro. El adversario está herido, tal vez gravemente, pero no está muerto. Y, además, hay que reparar lo que está en juego para el oficialismo (su “continuismo”). Por lo tanto, no hay que subestimarlo. Sería conveniente que la oposición se mantuviera atenta y vigilante, sin ningún tipo de distracciones, con todos los nervios alertas y los músculos con la tensión necesaria para responder apropiadamente a las distintas maniobras, por un lado; y, asimismo, decidida para aprovechar los deslices de aquel, por el otro. Es decir, no dejarse “madrugar” por ninguna acción, sea inteligente o desesperada, que pueda llevarse a cabo; y, al mismo tiempo, aprovechar -en  lo que sea dable- todo en su beneficio (la fuerza del rival a su servicio).

Seguramente, dado el ambiente que se está presentando, creará o procurará hacerlo, rápidamente, un organismo o sistema de defensa que tenga como objetivo proteger a los ciudadanos que están siendo “apretados” o “perseguidos” por su definición o posición política; que les lleve amparo y tranquilidad, asumiendo todas las responsabilidades que tal finalidad aconseja y necesita.

Dentro del escenario montado después de las PASO, una sola cuestión -quizá- merezca un análisis especial: La oposición, liderada por el contador Claudio Javier POGGI, ha ganado seis de los nueve departamentos. Los tres que perdió -por cifras exiguas-, ampliamente remontables, son los de Gobernador Dupuy, San Martín y Ayacucho. Y es éste, justamente, el que amerita una atención particular: efectivamente, es un enclave histórico donde el oficialismo ha efectuado una palanca o cuña sobre otras regiones, en el cual no perdió nunca; situación de la que presumió permanentemente. Y, en este caso, con razón. Fue así, tal cual lo relata. Por lo tanto, de revertirse el resultado, se asestaría un golpe, tanto simbólico como psicológico, de gran envergadura.

Y 2°) En el caso del oficialismo (Frente de Unidad Justicialista) queda de manifiesto, sin posibilidad de error, que es menester cambiar totalmente las estrategia y tácticas seguidas hasta antes de las PASO. En este tema, a diferencia de lo dicho en el punto anterior, se precisa modificar lo actuado porque no produjo los resultados favorables buscados. Por el contrario, éstos han sido altamente negativos; tal vez, mucho más de lo que se esperaban. Lo que determina que hace falta rectificar y transformar las acciones, operaciones y maniobras seguidas hasta ahora, por una parte; y elucubrar y realizar otras, nuevas e inesperadas, por la otra.

Indudablemente, a las PASO el oficialismo las preparó y desarrolló desde el gobierno, entendiendo que, con la armónica disposición de sus poderes e institutos, no era necesario nada más. Era suficiente y hasta excesivo, casi un desborde, ya que -sin impedimentos- se habían puesto todos los recursos del Estado para tales fines. Tanto la casa de gobierno, en su conjunto, ministerios y demás departamentos y oficinas, como las cámaras legislativas, justicia provincial, intendencias municipales, demás organismos autárquicos y el propio presupuesto provincial estuvieron abocados, uniformemente, al accionar “político-electoral-partidario”.

Se hicieron, también, todos los esfuerzos necesarios para alcanzar una sensación optimista, con la proa puesta en la obra pública, abundantemente asistida por todas las demás acciones y maniobras (generales y específicas) que se ejercitaron con el mismo propósito: atraer y conseguir los votos que se le habían escapado y hacían peligrar su robustez electoral.

Y, finalmente, se confió -como siempre- en que “el respeto al poder del estado puede más que cualquier otra lealtad…”.

Pero,  no fue así. Entonces, de las seis o siete emociones básicas, puede haber sentido al menos cuatro: sorpresa (tal vez un gran desconcierto), tristeza, miedo e ira. ¿Cómo es esto? Veamos: a) La sorpresa surge, súbitamente, ante algo imprevisto o inesperado; es de corta duración y va seguida de otra emoción; tiene por finalidad prepararnos para enfrentar una situación nueva o desconocida. b) La tristeza se caracteriza por generar un estado negativo, de pena o pesar, resulta de la percepción de un fracaso; y, además, lleva implícita una sensación de aflicción o impotencia. c) El miedo es la emoción más antigua y, claramente, “no es sonsa”. Se activa ante la impresión de un peligro y  es una reacción frente a la amenaza de nuestros intereses y ventajas; su finalidad es promover una conducta de evasión, elusión  o escape. Y, por último, d) La ira es una emoción “caliente”, de bronca, de rabia, de furia. Marca la predisposición a agredir, a luchar; y persigue la defensa y desbroce de los obstáculos que impiden alcanzar los objetivos ambicionados.

Probablemente, por la influencia y adaptación de los elementos expresados, no encuentre hasta ahora la estrategia ajustada a tales cambios y demore en poner en movimiento las líneas tácticas necesarias para revertir la difícil situación planteada por el resultado de las PASO; conformándose, por ahora, con continuar con las estrategia y tácticas que venía aplicando.

En tal sentido, no se percibe -al menos a primera vista-  que se hayan modificado las acciones, operaciones y maniobras políticas que se venían desarrollando; por el contrario, pareciera que se insiste en una profundización de las mismas -con más firmeza y menos tolerancia-, radicándoselas. Podría ser una primera reacción,  más instintiva que racional (de cerrar o abroquelar una defensa, más que sobreponerse a las circunstancias padecidas). Quizá, se use en un primer momento para concentrar las líneas desplazadas e impedir huidas o deserciones de asustadizos o díscolos, como medida de protección y recuento de daños. Pero, esta situación no puede prolongarse, debería durar poco tiempo. Estamos a escasos treinta días del acto eleccionario y se requiere un lapso lo suficientemente apto para poder implementar las nuevas (alrededor de 20 días). El peor error del oficialismo sería no hacerlo.

En síntesis, se observan signos o manifestaciones de las viejas estrategias del “garrote” y “la zanahoria”, aumentando el uso del “miedo”, por un lado; y la aplicación de  la “generosidad” o “magnanimidad”, por el otro. Este doble envolvimiento -arrebatos y beneficios-  puede lograr algunos resultados estimulantes, ya que tanto el “temor” como los “favores” pueden acarrear secuelas alentadoras.-

-III.-)

  1. c) LA VISUALIZACIÓN:

Y, por último, a través de lo anteriormente examinado, intentemos visualizar o escudriñar lo que, potencialmente, puede ocurrir el 22 de octubre:

Tengamos en cuenta, para ello, en primer lugar: que entre las fuerzas en pugna hay una diferencia de alrededor de 54.000 votos. Una distancia, entre ellas, de aproximadamente 20 puntos.

La primera pregunta que, naturalmente, surge es: ¿Puede remontarse esa cantidad de sufragios? -La respuesta a tal interrogante merece adentrarse en dos aspectos: a) el psicológico-emocional, es decir, el poder de la reacción y la voluntad; y b) el político-científico, o sea el estudio comparado de casos electorales similares sucedidos en distintos países y regiones del mundo. Teniendo en cuenta el primero, podemos contestar con el apotegma: “Nada es imposible”. Considerando el segundo, corresponde responder que en elecciones de este tipo, en que hay una suerte de segunda vuelta o “ballotage”, no hay antecedentes ni se registran posibilidades de ganarlas habiendo perdido por más de 10 puntos.

Entonces, si esto fuera así, la segunda cuestión sería: ¿qué pretende hacer el oficialismo?:  -Básicamente y sin dudas: a) reducir la diferencia al mínimo posible, para no dejar un escenario tan desolador como el actual para la próxima contienda -dentro de dos años-, donde se pone en juego la gobernación de la provincia;  b) Hacer todos los esfuerzos y sacrificios, necesarios y suficientes, para revertir el abrumador resultado, ya que confronta uno de sus dos jefes históricos, nada menos que el originario y más carismático, Adolfo Rodríguez Saa; y c) Usar toda la potencia de fuego y gastar todo su arsenal en el combate. Para ello, el gobierno entero estará a disposición. Ningún recurso quedará afuera.

Ahora, veamos ¿qué puede pasar?: -Muchas cosas pueden suceder. Antes de avanzar en detallarlas, establezcamos -de manera razonable- sobre qué cantidad de sufragios es posible incidir, cambiando la intención expresada por el votante. De acuerdo a los antecedentes comparados             -consultados para este examen- sobre no más de 20.000 votos. Pero, desde luego, sobre esas voluntades, ambas fuerzas políticas pueden trabajar; no están cerradas, están libres y tanto una como otra puede persuadirlas e incorporarlas.

Además, también es conveniente sugerir que, a lo mejor, se pueda incrementar el número de personas que asistan a votar. Calculemos que, de acuerdo a elecciones anteriores, pueda aumentar la concurrencia a las urnas en unas 10.000 a 15.000 almas. De igual manera que en el caso anterior, también están libres en su decisión.

Tomemos el máximo de los dos guarismos resultantes y sumémoslos: obtendremos la cifra de 35.000. Ésta sería, por ende, la cantidad más alta en  que podría lograrse alguna modificación en la intención del voto (ya sea para un lado o para otro, como ha quedado de manifiesto).

En este estado, ya se puede aspirar a puntualizar algunas hipótesis de lo que puede ocurrir: 1°) Que el oficialismo se lleve los 35.000 votos; 2°) Que la oposición consiga los 35.000 sufragios; 3°) Que se repartan, entre dichas fuerzas de la forma anterior (los coeficientes de las PASO); 4°) Que alguna de ellas se quede con más y la otra con menos.

Especifiquemos los números: a) En el primer caso, la oposición seguiría ganando, con 21.000 sufragios a su favor; b) En el segundo caso, la oposición superaría al oficialismo por 87.000 votos; c) En el tercer caso, también se impondría la oposición por 75.000 ciudadanos; y d) en el cuarto caso, no hay elementos con los que se pueda establecer un resultado, queda a la espera de lo que diga la libre y soberana palabra del Pueblo.

La última palabra la tiene él. ¡SIEMPRE!

Para finalizar este sencillo análisis, solo resta pedir: Que DIOS acompañe la decisión del Pueblo de la provincia de San Luís.-

 

-Eduardo Gastón MONES RUIZ-

 

VILLA MERCEDES (San Luís) 18 de setiembre 2017

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