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CFK y los superamigos, ya no pueden engañar a todos todo el tiempo

Los argentinos asistimos al desafuero del diputado Julio De Vido, el “ministro icónico” de tres gestiones presidenciales. La acumulación de causas en su contra y su envergadura superan la imaginación. Justamente este detalle nos pone en la responsabilidad a quienes ejercemos algún tipo de representación constitucional de hacer docencia cívica frente a estos hechos.

 

En primera instancia creo oportuno repetir que esto no es literatura, esto no es una serie televisiva. Esto es algo que nos pasó a todos y cuyas consecuencias padecemos. Esto de por sí es muy grave. Y más aún cuando sumamos la responsabilidad de una gestión desastrosa en la ejecución de la obra pública, de los transportes, de la energía, de los servicios públicos colapsados.

 

Eran los campeones del discurso de “somos los únicos que podemos gobernar”. Cuando hacemos foco en cualquiera de las jurisdicciones que el ex ministro tuvo responsabilidad podemos encontrar un modus operandi: el caos que llevaba a medidas de emergencia. Medidas que atenuaban controles y le daban a sí mismo la posibilidad de beneficiarse. Kilómetros de rutas sin terminar, trenes abarrotados que permitían hacer compras por excepción de material ferroviario de descarte o el bochornoso tren de Puerto Madero que no iba a ninguna parte y casi no llevaba pasajeros, subsidios al transporte público que tenían como destinatarios empresas amigas, el gas domiciliario y la electricidad que no atendían la demanda de los usuarios, los cortes continuos en los servicios; todas estas situaciones habilitaban la búsqueda de soluciones de emergencia, o dicho de otro modo “invitaban al lobo al gallinero”.

 

Por absurdo que parezca, propiciar que las cosas fueran mal y buscar soluciones excepcionales eran como un “premio”. Fue de tal alevosía que repito, no solo fue corrupción, hubo una gestión desastrosa destinada a favorecer el sobreprecio y el retorno.

 

Está claro que sobre la corrupción y el delito deberán ser los jueces los que impartan justicia para que no nos gane la desazón de la palabra impunidad. Esto no va a ocultar que no sólo la infraestructura y los recursos públicos fueron víctimas de esta voracidad, también lo fueron las instituciones de la república. Una maquiavélica maniobra permitió incorporar en la lista sábana de la Provincia de Buenos Aires al ministro De Vido para darle la “protección de los fueros”, impunidad institucional si cabe la expresión.

 

Aquí quiero detenerme un momento. Los fueros existen para garantizar que los legisladores tengan libertad de palabra en el ejercicio de sus mandatos. Para que un poder arbitrario no restrinja la pluralidad de la representación. En la visión del Kirchnerismo esto era extensible a proteger a ex funcionarios que son sospechados de corrupción. Un buen instituto consagrado en la Constitución es tergiversado para protegerse contra la acción de la justicia.

 

Por esto el miércoles, cuando se desaforó al diputado De Vido se siguió un procedimiento que solo ha ocurrido tres veces a lo largo del proceso democrático que inició en 1983. No se montó un circo porque no hay ningún plan de perseguir opositores. De hecho, estaban ahí sentados los otros bloques de la oposición.

 

Cuando el frente Cambiemos asumió la responsabilidad de dirigir los destinos de la Nación, tenía como mandato un fuerte reclamo de justicia, de rebeldía contra la impunidad y es el cumplimiento de ese mandato lo que da una enorme legitimidad a este gobierno para encarar la segunda parte de su mandato popular. Justicia y gestión para la “reparación nacional” como decía el gran presidente Hipólito Yrigoyen.

 

Los acontecimientos ocurridos son de una gravedad tal que esperé unas horas para escuchar a la ex presidente luego salir de tribunales. Por supuesto repitió, como quien ve una realidad con anteojeras, que esto es para ocultar el ajuste, es para perseguir a la oposición. Algo similar a lo dicho por el bloque de diputados del Frente para la Victoria cuando justificaba ni siquiera bajar a votar el desafuero.

 

Y quiero terminar diciéndole a la ex presidente: Señora, es una estafa al pueblo argentino omitir hablar de lo que sucedió ayer, de las responsabilidades de sus funcionarios y de las políticas que siguieron. Si usted quiere discutir el proyecto del presidente Macri, el lunes cuando marque su agenda de gestión tendrá oportunidad de que debatamos y seguramente lo seguiremos haciendo desde nuestras bancas, pero hoy se imponía que usted diera una explicación como todos los que tenemos responsabilidades públicas le debemos a los ciudadanos. Concluyo afirmando que “se puede engañar a todos poco tiempo, se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo”.

Pamela Verasay

Senadora Nacional por Mendoza

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