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Marino oriundo de San Rafael: “Todos sentimos el compromiso con las operaciones que realizamos”

Cristian Aguilera tiene 34 años y la mitad de su vida ya la vivió en la Armada Argentina; es Teniente de Navío buzo salvamentista y se encuentra próximo a viajar en comisión para capacitarse en la República de Perú.

El Teniente Aguilera se encuentra destinado en el Servicio de Salvamento de la Armada Argentina (SISA) en la Base Naval Puerto Belgrano (BNPB) Buenos Aires y se desempeña como Jefe de Operaciones. La Armada de Perú, provista de buque de salvamento, cursó una invitación el año pasado y se le brindó la posibilidad de capacitarse en su escalafón Naval.

“Es interesante el lazo que se construyen con otras Armadas y en especial con Perú tengo contacto con muchos de sus buzos. La Armada de Perú tiene un buque diseñado con una cámara hiperbárica para operaciones de salvamento y buceo a gran profundidad. Esta experiencia me permite conocer cómo trabajan; vamos a compartir exposiciones, charlas  y realizar buceos durante una navegación”, contó el buzo sobre el intercambio que está previsto en agosto y tendrá una duración de 10 días.

Cristian Aguilera ingresó en el 2006 a la Escuela Naval Militar (ESNM) y cuenta que siempre quiso ser militar, conociendo la Institución a través de su padre, de especialidad Maquinista Control Averías: “Siempre recuerdo cuando mi papá estaba embarcado en la corbeta ARA ‘Guerrico’ y los fines de semana, durante sus guardias, lo acompañaba en su rutina”, introdujo.

Sus hermanos también eligieron un camino profesional dentro de la Fuerza; los tres  siguieron el ejemplo de su padre hoy Suboficial Mayor retirado y Veterano de Malvinas, Salvador Ramón Aguilera. “Luego fue una elección propia ingresar en la ESNM y hacer la carrera como oficial de Marina. En los cursos que se realizan para embarcar en la fragata ARA ‘Libertad’ al momento del egreso, tuve a mi papá como instructor”, recordó con orgullo.
Cuando conversa con su papá sobre el trabajo, él le aporta su punto de vista de cómo hacía antes las cosas, “pero más allá de la mirada personal y la brecha generacional, queremos lo mismo: que la Armada siga creciendo desde su profesionalismo”, un pensamiento que probablemente inculcará Cristian a sus propios hijos; hoy es papá de Agustina de 4 años.

“La Armada es una elección de vida, de sacrificio y aventura;  uno aprende que lo que empieza lo tiene que terminar, y que es un trabajo fuera de lo común porque implica un costo familiar y personal. Pero también tiene grandes satisfacciones: el orgullo de ser militar, de servir a la Patria, amistades, anécdotas y como todos los días hay algo diferente, nunca se cae en la monotonía”, enfatizó.

Cristian nació en San Rafael de donde son oriundos sus padres: “Nací en el ’85 y viví allí dos años; después por el trabajo de mi papá estuvimos yendo y viniendo de Ushuaia a Mendoza; recién cuando estaba en 3° grado de la primaria nos vinimos a vivir a Punta Alta, al sur de la provincia de Buenos Aires, donde me crié”.

Tanto su mamá como su papá son sanrafaelinos, de  Islas Malvinas ella y Cuadro Benegas él, donde se encuentran todos sus familiares, “también están mis recuerdos de verano, de la vendimia, las cosechas y el trabajo en el campo”, agregó. Su hermana menor es Teniente de Corbeta y está destinada en la Escuela de Oficiales de la Armada y su otro hermano es Cabo Principal en el buque logístico ARA “Patagonia”.

En la hoja de ruta de su carrera, luego de egresar del Viaje de Instrucción 2010, recuerda con cariño su primer destino “fue en la lancha rápida ARA ´Intrépida´ en Ushuaia, Tierra del Fuego, como Guardiamarina. Conocí muchos lugares, Puestos de Vigilancia y Control Marítimo –como las islas Observatorio y Becasses, Puerto Parry y Almanza–, la bahía Buen Suceso y Lapataia”, contó con añoranza.

Después le dieron pase al destructor ARA “Almirante Brown”, a la corbeta ARA “Gómez Roca” y al transporte ARA “Canal Beagle” donde realizó, respectivamente, su primera jefatura, navegaciones a la República de Brasil y al continente blanco en Campaña Antártica de Verano. Entre destino y destino cursó la especialidad en Armas Submarinas y más tarde el Curso OCAS para Oficial Control Antibubmarino; de allí le tocó pase a la Escuela de Submarinos y Buceo en Mar del Plata en el 2017 y, al año siguiente, hacer el curso de buceo para convertirse en buzo salvamentista como anhelaba.

Es así que el año pasado el joven marino mendocino y puntaltense por adopción, completó la tercera etapa del curso de capacitación para oficiales, la capacidad de buceo hasta 57 metros de profundidad. “El curso tiene tres etapas: hasta 12 metros, relativo a inspecciones de casco; hasta 27 metros, que ahí ya contás con tratamiento hiperbárico; y hasta 57, que es el límite de normalidad; después vienen otras capacidades más específicas como el buceo de gran profundidad, de saturación y de campana”, explicó.

En cuanto a su presente en el Servicio de Salvamento, dijo que en el destino “estamos en guardia permanente, los viernes se arman los equipos de alistamiento, contenedores y vehículos para el fin de semana. Siempre se está dispuesto y queremos participar aunque no estemos en guardia efectiva”.

Así recordó la tarea de despeje de agua en febrero pasado cerca de Monte Hermoso, en la Ruta Nacional N° 3, junto a personal de la Dirección Nacional de Vialidad: “Tenía 30 personas en zona y vinieron voluntariamente a preparar equipos; todos sentimos el compromiso con las operaciones que realizamos”.

Por otro lado, contó sobre las charlas dictadas por el SISA a otros destinos navales: “Explicamos que la actividad conlleva un riesgo físico; se manejan tanto equipos pesados como diferentes herramientas (neumáticas, hidráulicas y de presión); se hacen actividades como cortar y soldar bajo el agua; uno va conociendo cómo responde el cuerpo y también el comportamiento físico del compañero, porque debajo del agua no podés hablar”, describió sobre el buceo y la profesión.

En la tarea de salvamento, bucear no es el fin sino el medio. Para ello, desde el SISA se desarrollan técnicas y procedimientos, tecnologías especiales que, sumadas a la diversidad de medios, permiten el constante adiestramiento del personal, logrando una óptima capacidad de respuesta ante necesidades reales de salvamento, siendo la más reconocida la de realizar buceos de gran complejidad.

El SISA
El Servicio de Salvamento de la Armada fue creado en febrero de 1992 y a lo largo de estos 27 años los conceptos claves que definen su capacidad y actividad son la versatilidad, el potencial de despliegue, la variedad de trabajo, la capacidad de brindar apoyo a cualquier componente militar y a la comunidad. El Jefe del Servicio es el Capitán de Fragata Carlos Manuel Reynoso.

El SISA depende del Comando de Adiestramiento y Alistamiento de la Armada y su misión es planificar, organizar y conducir el empleo y adiestramiento de los medios subacuos de salvamento y control de polución, a fin de proveer el salvamento a personal y unidades de la Armada.
Tiene su centro de operaciones en la Base Naval Puerto Belgrano, donde se concentran el grueso de personas y medios, y cuenta con la Estación de Salvamento de Ushuaia y las estaciones de buceo de Mar del Plata y Buenos Aires como otros puntos de despliegue.

Su personal está integrado por hombres y mujeres formados en diversas especialidades: buzos salvamentistas, buzos tácticos, personal de mar, maquinistas, electricistas, electrónicos y de sanidad. Ellos están capacitados para realizar trabajos subacua tales como soldar, cortar, reflotar, recuperar, entre otros.
En el marco de un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo en Comodoro Rivadavia, el 22 de mayo zarpó de Puerto Belgrano el destructor ARA “La Argentina”. Además de la dotación del buque, embarcó tripulación en comisión: cadetes de la Escuela Naval Militar; personal del Servicio de Salvamento de la Armada –entre ellos el Teniente Aguilera–; del Servicio de Análisis Operativo, Armas y Guerra Electrónica; de la Agrupación Buzos Tácticos y de la Fuerza de Submarinos.

Durante los días de navegación de regreso de la ciudad chubutense, el destructor realizó adiestramiento individual y diferentes ejercicios; en el caso de los buzos del SISA, realizaron una inspección del casco con ROV (acrónimo del inglés Remote Operated Vehicle, Vehículo Operado a Distancia), aquellos vehículos que están controlados por un operador que no está en el vehículo, e inmersiones de adiestramiento.