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Un sanjuanino que transcurrió su vida en la Armada Argentina

“La Armada ha sido mi vida”, afirma con emoción el suboficial mayor Andrés Leonardo Poblete, oriundo de Trinidad, localidad de San Juan.

Andrés Poblete es oriundo de San Juan y decidió ingresar a la Armada Argentina en 1985 por convicción. Hoy, luego de 34 años de servicio, se encuentra próximo a su retiro. Su historia de vida es un relato de superación en el que, en sus propias palabras, gracias a la Institución llegó a ser la persona que es.

Poblete es el Suboficial Encargado de Destino de la Inspección General de la Armada (ISGA), destino ubicado en el Edificio Libertad de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Como Furriel, su especialidad naval, los papeles y la administración son su trabajo; pero también se graduó como Técnico Superior en Medio Ambiente Marino Costero.

Andrés Leonardo Poblete, hoy Suboficial Mayor de la Armada, recuerda como muy difícil su adaptación a Buenos Aires, cuando con 16 años debió dejar su San Juan natal para incorporarse a la Escuela de Suboficiales de la Armada. “Si bien éramos un grupo grande de sanjuaninos –como cien–, a medida que pasaba el tiempo en el Período Selectivo Preliminar, todos los días se iba alguno, y al final del curso y la licencia de una semana, nos dimos cuenta que sólo quedábamos 30.”

Su primer destino fue el Arsenal Naval Puerto Belgrano en la Base Naval Puerto Belgrano, al sur de la provincia de Buenos Aires, en el Departamento Estación: “Era Cabo Segundo y mis jefes, en su mayoría, eran químicos e ingenieros. El primer día que llegué fue increíble, era un viernes y lo recuerdo muy bien: me buscaron en camioneta, me recibió un Suboficial Principal, y como yo estaba con mi uniforme de gala me dijo ‘cambiate que vamos a apagar un incendio de pastos’; y lo apagamos, con mantas y agua, fue una experiencia increíble”, sostuvo.

Otra experiencia espectacular, dijo, fue la de haber pertenecido a la tripulación del entonces destructor ARA “Hércules”, hoy transporte rápido multipropósito: “En ese momento, en el ‘92 y ’93, era el barco insignia de la Armada y aprendí muchísimo allí”, consideró. Antes, solo había navegado en el patrullero ARA “Murature” cuando estaba en la Escuela de Suboficiales, pero su primera experiencia real a bordo fue en el “Hércules”: “por todo lo que uno vive dentro de la unidad”.

El Suboficial Poblete continuó relatando sobre los cambios que promovió la Armada en su vida: “Cuando entré a la Armada tenía la escuela primaria sola y si uno quiere progresar tiene que seguir estudiando y terminar el secundario” y lo intentó varias veces hasta que finalmente la concluyó en Ushuaia, Tierra del Fuego, donde estuvo destinado en el 2001.

Más tarde, con una beca de la Armada Argentina que impulsaba la capacitación de su personal, como le gustaba la idea de seguir progresando profesionalmente decidió realizar una Tecnicatura en la Universidad Nacional de Mar del Plata. En ese entonces estaba de pase en otra unidad naval con asiento en esa ciudad costera, el aviso ARA “Gurruchaga”, donde se recibió como Técnico Superior en Medio Ambiente Marino Costero.

“La Armada no dejó que me quede en el mismo lugar que estaba cuando entré, porque yo cuando entré era una persona sin estudios, y me voy como una persona educada”, destacó con orgullo de pertenencia.

Próximo a su retiro, enfatizó: “Me voy con una experiencia de vida que nunca imaginé que iba a lograr, gracias a la Armada”. En el transcurso de su vida en la Armada también conformó su familia, compuesta por su esposa Mónica –están casados hace 31 años– y con quien tuvieron 3 hijos: Andrés de 25 años, Gastón de 23 y Lucas de 18.

“Para mí, la Armada ha sido mi vida, porque llevo 34 años cumplidos acá, y con la familia hemos pasado muy buenos momentos, como también los difíciles; pero la verdad, estoy contento por los años vividos en la Armada”, concluyó con emoción su relato el marino sanjuanino.

La vida que lo llevó hacia la Armada
Nacido el 4 de febrero de 1970, vivió en Trinidad –localidad que también es uno de los distritos del Departamento Capital– hasta el gran sismo del ‘77, que destruyó casas y edificios en toda la región. En primera persona relata: “Por decisión de mis padres, luego del terremoto, nos mudamos a Villa del Carril en San Juan, donde vivían mis abuelos”.

El Suboficial Poblete relató respecto de su infancia en San Juan: “La primaria la hice junto a mi hermano en el Colegio Ángel de Rojas, frente a la plaza de Trinidad. Hicimos toda la primaria hasta séptimo grado y, por circunstancias de la vida, cuando terminamos tuvimos que empezar a trabajar de día y estudiar la secundaria de noche”. La secundaria la empezó a en el Colegio Obreros del Porvenir, un colegio nocturno dedicado al arte y a los oficios, aunque la finalizó varios años después de su ingreso en la Armada.

“Al mudarnos a la casa de mis abuelos éramos varios y recuerdo patente –aunque tenía casi 8 años, era muy chico– que había un club de básquet a dos cuadras, el Club Sporting La Estrella, y ahí vivimos nuestra infancia con amigos y mi hermano más grande.”

Transcurría la década del ‘80 y Andrés Poblete ya tenía claro desde los 16 años que quería ser marino. Con gran convicción y vocación de servicio a la Patria, junto a un grupo de amigos del barrio Trinidad –alentados por otro amigo que había pertenecido a la Armada– decidieron ingresar: “Fue por el año ’85 que nos juntamos con un grupo de compañeros y amigos del barrio y decidimos mirar hacia el futuro”, contó.

Además de los paisajes increíbles y su vida sanjuanina, destacó la comida típica de su provincia: las empanadas: “Las que hacen mi vieja y mi señora son espectaculares”, apuntó. También habló de otro sabor culinario típico de San Juan, un corte de carne especial para asado exclusivo y clásico en esa provincia cuyana, que es la punta de espalda.

Su deporte principal desde pequeño ha sido el básquet y también es asiduo jugador de fútbol 11 con sus amigos y compañeros de trabajo, aunque su entretenimiento actual es el running. Hoy, con 49 años, corre 15 kilómetros diarios, cuando el tiempo lo acompaña.