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Otra política de Estado Perdida: el Fracaso de la Campaña Antártica

(Por Julio Cobos)   Las noticias dan cuenta de los graves inconvenientes que presenta la campaña antártica: fallas en la infraestructura y el transporte, irregularidades en la contratación del buque polar encargado de proporcionar el apoyo logístico, entre otras, configuran un panorama complejo y desalentador.

En nuestro país, dónde suele ser extraño hablar de continuidad en las políticas y acuerdos a través del tiempo, logramos establecer una política de Estado con respecto a nuestra presencia en la Antártida. Argentina lleva, para reivindicar sus derechos, más de cien años de esfuerzo ininterrumpido en el continente Antártico.

Con seis bases permanentes y siete de verano en su sector antártico, somos unas de las naciones mejores representados en el continente blanco. También fuimos los primeros en el mundo en establecer una base permanente, en las islas Orcadas del Sur, en 1904.

Belgrano II, que es una de las bases permanentes, es la tercera en el mundo más cercana al Polo Sur. La historia de la Argentina en la Antártida es muy rica y está sembrada de contratiempos y actos heroicos; pero no ha habido crisis política, económica y social que hiciera que la Argentina abandonase esta política.

Los desaciertos que se suceden uno tras otros y ponen en peligro la continuidad de esta política de estado. Errores de todo tipo e irregularidades se van sumando, configurando una situación muy compleja: la vergonzosa situación que vivimos con el buque escuela Fragata Libertad, el incendio y posterior ruptura en abril del 2007 del Rompehielos Almirante Irizar, con una demora excesiva para su reparación y con los costos cuadruplicados, el hundimiento del Santísima Trinidad en la Base Naval del Puerto Belgrano, entre otros.

Con relación a la campaña antártica, el buque “Timca”, que fue contratado a la empresa “Transport & Services”, no ha tenido un buen desempeño para brindar el apoyo logístico que se necesita. Las dificultades eran públicamente conocidas desde el mes de enero de este año, cuando todavía había tiempo para adoptar medidas para revertir la situación. Ahora es tarde, el tiempo que se ha perdido, los medios ineficaces que se pusieron a disposición y la propia naturaleza, son ya un obstáculo insalvable.

Se ha alquilado al Uruguay un avión Hércules, para poder completar el abastecimiento de las bases. Nos preguntamos qué ocurre con nuestros aviones del mismo tipo. ¿Dependeremos de los hermanos uruguayos, del clima y de la buena de Dios para reabastecer nuestras bases? Deberíamos preguntarnos qué sentirán los hombres y mujeres que representan a nuestra nación en el continente helado; sufriendo los rigores de un clima tan extremo y soportando privaciones diarias y aislamiento, sabiendo ahora que el combustible no alcanzará, la comida será escasa y las posibilidades de abastecimiento y apoyo son prácticamente nulas.

A la Argentina le llevó cien años ser reconocida como uno de los países de mayor prestigio en el Continente Antártico -tal vez el mayor entre todas las naciones- y en tan sólo una campaña ese prestigio se ve lesionado, debido a una administración que muestra graves deficiencias.

El fracaso de la campaña antártica no es un simple traspié, tampoco solo una pérdida económica: es el fracaso de una política de Estado sostenida durante un siglo. Las autoridades nacionales deben poner a disposición todos los medios posibles y las personas idóneas, que estén a la altura de las circunstancias, para revertir esta situación cuanto antes.

Julio César Cobos