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La Pichona, una lasherina de pura cepa

“La Pichona”, una lasherina de pura cepa que forma parte del Camino a los 150 Años de Las Heras contando su historia cargada de emoción y recuerdos. Su sentimiento de pertenencia al departamento refleja el amor al terruño, los años de lucha y perseverancia ante las adversidades. Pichona es dueña de una de las panaderías más reconocidas y famosa por sus palmeritas.

Georgina Medaura de Romero, a sus 87 años, sigue al frente de la Panadería San Martín, una de las más tradicionales de Mendoza, famosa por la elaboración de sus palmeritas. Su historia forma parte del Camino a los 150 Años de su departamento natal.

A sus 87 años, su cuerpo menudo irradia energía de juventud y sabiduría infinita. El despertador sigue sonando a las 7 AM, y ella no pierde la coquetería ni el delantal de cocinera para echar una mano a sus empleados, transmitiendo el legado de sus padres –y de su tierra natal- cuyos pilares son el trabajo, la pasión y el respeto.

Allí posa la Pichona, Georgina Medaura de Romero, junto a su horno panadero de un siglo de historia, muestra orgullosa las palmeritas que elabora en su Panadería de San Martín y que la hacen famosa de Las Heras a toda la provincia. “Soy lasherina de nacimiento, nací y me crié acá. Dios se acordará de mí en este lugar”, confirma.

Georgina Medaura de Romero, más conocida como “La Pichona”, en la panadería familiar que lleva su apodo. Las Heras, lunes 28 de septiembre de 2020. (Prensa Las Heras/Marcelo Aguilar)

La historia de la Pichona forma parte del Camino a los 150 Años del departamento de Las Heras, que cumplirá el próximo 31 de enero de 2021. En esta campaña basada en audiovisuales testimoniales para redes sociales, que a través de sus vecinos narran la trayectoria de un pueblo sanmartiniano, de espíritu pujante y apasionado, en constante evolución, la Pichona cuenta su vida. Y no hace más que reflejar la vida de tantos otros que fundaron esta ciudad, que la moldean día a día, la transforman y convierten a su siglo y medio de vida en muchos motivos por celebrar.

“He visto a este departamento transformarse y evolucionar. Todavía recuerdo cuando las calles eran de tierra”, cuenta la Pichona y reafirma su sentido de pertenencia: “Nunca pensé en salir de acá, jamás, ni en las peores épocas. Conozco a Las Heras como si fuera mi casa”.

Si bien su panadería está ubicada sobre calle San Martín, a dos cuadras de la Ciudad de Mendoza, desde hace más de 70 años, la Pichona ha vivido en diferentes barrios lasherinos. “Si uno ama lo que hace y está conforme a pesar de todas las dificultades, si uno trabaja y forma una familia con cariño y está convencido que no hay otra manera en la vida de poder triunfar si no es con amor y solidaridad, uno se va arraigando a su lugar. Y yo soy una agradecida de todas las oportunidades que me ha dado esta tierra, a mí, a mi familia y a mis antepasados”, dice ella mientras su mirada se posa en el horizonte.

Fundada por sus padres en 1948, aunque ya en funcionamiento desde 1890, a la Panadería San Martín han caído todos en su tentación, cuyo secreto revela Pichona que está en “el sabor de lo caserito”. De origen libanés, las delicias de sus raíces también se exhiben hoy en el mostrador, que con la pandemia del Covid incursiona en el delibery y en el takeaway.

“He tomado tanto cariño a lo que hago, a lo que tengo, a mis clientes, a mis vecinos, a mi gente; quiero tanto este lugar que por eso quiero que siga creciendo, que siga progresando en salud, educación, bienestar para todos”, afirma Pichona sobre sus deseos para Las Heras. Recuerda las casas de adobe, los patios abiertos de los barrios en los que vivió, la calle San Martín de tierra y sus Carolinos, el tranvía, el cartero que entonces era el personaje más reconocido de la ciudad. “La base para fundar y sostener un departamento hermoso como este está en la familia, ahí empieza a escribirse cualquier historia”, considera Pichona, esposa de Eduardo Romero, mamá de seis hijos y abuela de 15 nietos.

Y concluye: “No debemos perder nuestra identidad, debemos seguir progresando, pero la prosperidad se logra entre todos, sin dejar de ser la buena gente que somos, esforzándonos y siendo respetuosos con nuestra historia y nuestros pares, ayudando al otro sin esperar nada a cambio, poniendo nuestro granito de arena, colaborando porque para mí no vale la pena quejarse o echar culpas al gobierno de turno; un pueblo crece gracias a su gente”.