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Del Pópolo disertó acerca del 82% móvil en la Cámara de Diputados de la Nación

De las 13 provincias que enviaron la caja a la Nación en el año 1996, además de los hospitales Garraham, Posadas y de Gastón Kalniker, de ATE Buenos Aires, Mendoza, en la figura de la Doctora María Isabel Del Pópolo, Secretaria General de AMPROS, fue una de las principales provincias disertantes en el Foro Debate por el 82% Móvil llevado a cabo en la Honorable Cámara de Diputados de la Nación.

La titular de AMPROS expuso y además entregó a cada uno de los diputados nacionales, un semblante de la situación de los jubilados del sector Salud en la provincia de Mendoza, dando a conocer datos específicos acerca del costo de las canastas alimentaria y de medicamentos.

“Lo importante es que estamos marcando la agenda provincial y nacional en un tema que es de vital importancia para todos los trabajadores de la salud. Conseguir el 82% Móvil es posible y por eso no nos quedamos en palabras sino que nos mantenemos en acción, investigando las posibilidades reales para su aplicación. La visión de AMPROS tiene que ver con restituir los derechos de los trabajadores y reconocer a los profesionales que entregaron su vida en la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades que aquejan a la sociedad”, aseguró la Doctora María Isabel Del Pópolo, Secretaria General de la Asociación Mendocina de Profesionales de la Salud.

La exposición completa de la Doctora María Isabel Del Pópolo, Secretaria General de AMPROS:
En Mendoza existen aproximadamente 200.000 personas bajo el régimen de jubilaciones y pensiones, de éstas, unas 3000, son trabajadores de la salud; todos con una característica en común, los bajos haberes previsionales que perciben. Esta característica no es nada nuevo, tiene una historia que se remonta a casi 20 años.

Desde el año 1994 cuando se implementó la nueva ley de jubilaciones y pensiones (ley 24.241), la constante ha sido la existencia de una gran brecha entre los haberes previsionales y los haberes de los trabajadores  activos. Esto trae como consecuencia, que al momento de jubilarse, el trabajador sienta que su dignidad y el trabajo realizado con responsabilidad a lo largo de toda su vida no significo nada. Durante 30 o 40 años este sector fue partícipe de la contención del dolor físico y la tristeza del paciente, sin poder dejar de involucrarse con una problemática tan fundamental para la persona y sintiendo una profunda frustración por lo que no pudo hacerse.

El trabajador de la salud ocupó siempre un rol importantísimo en la vida de las personas y de la sociedad; es quien contribuye a preservar o recuperar el bien más preciado, la salud, que permite acceder a los demás bienes sociales, reconociendo “que sin bien, la salud no es todo, sin ella no hay nada”.

Los jubilados han tenido que soportar más de 10 años sin aumento en sus haberes, donde la llamada movilidad era aplicada a discreción del poder ejecutivo, en otras palabras, cuando el poder lo creía conveniente. Al implementarse la nueva ley de movilidad se logró que los jubilados tuvieran una certeza de cuando y como iban a obtener los aumentos por movilidad, lo que les daba una herramienta para enfrentar los cambios de la economía. Pero aclaramos que la movilidad se torna insuficiente, porque no se relaciona en montos con los incrementos salariales que obtienen los activos y parte de un porcentaje totalmente inaceptable.

Para una mejor comprensión del tema jubilatorio debemos contemplar dos situaciones distintas, la primera para aquellos que se jubilaron entre el año 1994 y el 2008 y la otra para aquellos que obtuvieron su beneficio después del 2008:

Un trabajador de la salud que se jubiló entre los años 1994 y 2008 hoy, percibe como haber jubilatorio aproximadamente $2500.

En el año 2001, un agente que trabajaba en salud cobraba aproximadamente $750. Al momento de jubilarse percibía como haber previsional, el 70% de su último sueldo.  Los sueldos de los activos a lo largo de los últimos 10 años (hasta fines del 2005) no tuvieron prácticamente variación. Pero a pesar de que la jubilación se acercaba en ese momento a lo que cobraba una persona en actividad, el transcurso de los años, la crisis que devino al final del 2001, el proceso inflacionario y la marcha cíclica de la economía, los fue relegando.

Si bien desde el año 2004 las jubilaciones han aumentado cerca de un 400%, ese aumento es totalmente insuficiente, porque los haberes de los activos, han aumentado más en relación a lo que se cobraba en 2001, dejando en la actualidad, a una gran mayoría de jubilados que cobran el 25% o 30% de lo que gana un trabajador en actividad.

En el caso de los trabajadores de la salud que se jubilaron después del año 2008 hay que tener en cuenta, que en el promedio de los últimos 10 años de sueldos que se utiliza para calcular algunos ítems del haber, se debe incluir el periodo que va desde el año 2002 al 2005 sin variaciones de salarios en la masa activa (en esa época un trabajador de la salud cobraba $750). El promedio mencionado anteriormente en relación al sueldo de una persona en actividad, representa el 90%, pero hay que recordar que la ley otorga un 1,5% por cada año que la persona aportó al régimen de reparto; es decir que un agente que debe aportar como mínimo 30 años, se le otorga un 45% del promedio, que pasa a integrar lo que se llama PC (prestación compensatoria), pero ese 45% del promedio representa, del sueldo de la persona en actividad un 40%.

Además el haber previsional lo integra otro ítem llamado PBU (prestación básica universal), común a todos los jubilados, que en este momento es un  monto fijo de $797, representando en el haber  un 10%.

Esto nos lleva a la conclusión que un trabajador de la salud, al momento de jubilarse, percibe como haber previsional entre el 40% al 50% de lo que ganaba como activo.

El panorama futuro es previsible: por más que las jubilaciones tengan el mismo aumento, que el sueldo de los activos, la brecha entre ambos siempre será, del 50% o más del haber que gana un trabajador en actividad.

Esta situación es lo que debe contemplar todo proyecto de ley; el de mantener siempre el 82% del haber del activo.

Es necesario que la ley, se fundamente, también, en la cobertura de las necesidades elementales, tales como una alimentación saludable y el tratamiento de la patología preexistente.

Para aportar a este cálculo se ha configurado una canasta alimentaria saludable para la tercera edad (CASTA) y una canasta de los medicamentos utilizados más frecuentemente por este grupo etareo.

El costo de la CASTA, se ha calculado teniendo en cuenta aspectos nutricionales y económicos, a partir de la definición técnico-profesional de la misma y del relevamiento de costos de las principales fuentes de expendio de alimentos del Gran Mendoza, elaborando un promedio. El costo para una persona, por mes arrojó $ 467.

La canasta de medicamentos se elaboró a partir de las patologías más frecuentes de la tercera edad y los medicamentos que se utilizan para su tratamiento, definida también según criterios médicos y económicos. Se relevó el costo de los medicamentos, con diferentes formas de financiación: sin cobertura social, con cobertura de la obra social de empleados públicos de Mendoza (OSEP) y del PAMI.  El costo para una persona, por mes arrojó:

ü  1.667,45 sin cobertura social
ü  $ 985,83 con cobertura de OSEP
ü  $ 783,03 con cobertura de PAMI

ANEXOS:
La canasta alimentaria para la tercera edad:
Se debe contemplar que el estado nutricional puede estar alterado por las restricciones alimentarias  que imponen las enfermedades crónicas (orgánicas y psíquicas), anorexia o hiporexia, disminución del sentido del gusto, disminución del tono de los músculos masticatorios, encías inflamadas, ausencia de piezas dentarias o prótesis mal adaptadas, con un  metabolismo basal disminuido, al igual que la actividad física.

La alimentación debe cubrir los requerimientos nutricionales con un valor calórico total entre 1800 a 2300 kilocalorías.

La CASTA se ha calculado con un promedio de 2070 kilocalorías, con una distribución de macronutrientes de: 56 % de hidratos de carbono, 14,5 % de proteínas (75 g) y 29,5 % de grasas (67 g).

Los hidratos de carbono son elementos energéticos y de fácil digestión; el ingreso proteico debe ser adecuado, porque la síntesis proteica en este grupo, está disminuida y la masa muscular decrece.

Los lípidos deben complementar el valor calórico, priorizando ácidos grasos poliinsaturados y monoinsaturados, en la proporción adecuada. De los 67 gramos de lípidos que contiene la CASTA, 18 gramos son ácidos grasos saturados, 18 g de monoinsaturados y 28 gramos de poliinsaturados. En cuanto al colesterol, tiene 230 mg.

Las fibras, contenidas en las verduras y frutas, actúan estimulando el peristaltismo intestinal, por su tendencia a la constipación. La CASTA contiene 28,3 gramos de fibras.

En este grupo etario hay tendencia a la descalcificación ósea y al déficit vitamínico B, por ello el aporte vitamínico y mineral debe ser adecuado a sus necesidades específicas.

La CASTA tiene un contenido de micronutrientes, de aproximadamente:
–          25 mg de hierro
–          1008 mg de calcio
–          1453 mg de fósforo
–          12 mg de zinc
–          1900 UI de vitamina A
–          974 µg de ácido fólico
–          2,76 mg de vitamina B1
–          2,75 mg de vitamina B2
–          3,8 µg de vitamina B12
–          73 mg de vitamina C

Los alimentos que la constituyen son fundamentalmente de alta densidad de nutrientes, con bajo porcentaje de aquellos de baja densidad de nutrientes. Cumple con el concepto del puntaje de “Naturalmente rico en nutrientes”, establecido por organismos internacionales, es decir la cantidad de nutrientes específicos, por calorías aportadas, clasificados por grupos del óvalo nutricional:

ü  Lácteos: 500 cc
ü  Cereales y legumbres; en una relación de 2:1
Cereales 50 gramos
Legumbres 25 gramos
ü  Vegetales; 650 gramos totales
A: 250 g
B: 300 g
C: 100 g
ü  Frutas (frescas, secas y desecados): 200 g
ü  Carnes y huevos: 125 g
ü  Pan: 160 g
ü  Aceites (de una sola semilla): 40 cc
ü  Dulces, miel y azúcar: 65 g

El costo calculado en diferentes fuentes de expendio de alimentos del Gran Mendoza, es de $467 por mes, por persona.
La canasta  de medicamentos para la tercera edad:
Se consideraron medicamentos agrupados según diferentes patologías:
Antihipertensivos
Atenolol 50 mg comp x 30
Enalapril 10 mg comp x 50
Enalapril + hidroclorotiazida compr rec x 60
Losartán 50 mg comp x 30
Amlodipina 10mg comp x 30
Furosemida 40 mg comp x 50

Drogas cardiológicas
Amiodarona 200 mg compr x 20
Digoxina 25 m comp x40
Aspirina 100 mg comp x 98
Antidiabéticos orales
Metformina 500 mg comp rec
Glibenclamida 5 mg comp x 60
Hipocolesterolemiantes

Analgésicos
Tramadol 100 mg/ml gts x 10 ml
Meloxicam 15 mg comp rec x 20
Ibuprofeno 600 mg comp x 20
Diclofenac + paracetamol 50/500 mg comp x 20
Diclofenac + betametasona + vit.B1,B6,B12  ampolla x 5

Complejos vitamínicos y minerales
Centrum comp rec x 30 ( complejo vitamínico)
Ferranin complex iny x 5 x 2 ml

Antibióticos
Cefalexina 500 mg comp x 16
Norfloxacina 400 mg comp x 10
Ciprofloxacina 500 mg comp x 16
Amoxicilina 500 mg comp x 16
Amoxicilina + ac. cluvunalico  1 gr comp x 14

Gotas oftálmicas
Poenglaucol 2 % gts olf x 5 ml
Carboximetil celulosa = lagrimas
Eritromicina  gts olf x 5 ml
Tobramicina + dexametasona gts

Reguladores intestinales
Picosulfato de sodio x 180 ml
Fibras gran x 250 g

Y no debemos olvidar que tenemos que  pensar en el  bienestar psíquico y físico de la tercera edad proporcionándoles un proyecto que contemple no solo la recreación sino también  el poder brindar su apoyo  a la comunidad a través de su experiencia y de sus capacidades, dándoles de esta forma la responsabilidad que necesitan para sentirse útiles.