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El impacto de los cánceres ginecológicos

Las estadísticas del Ministerio de Salud de la Nación indican que alrededor de 8.500 argentinas mueren cada año debido a los cánceres de mama, cuello de útero y ovario. Sin embargo, estas cifras disminuyen año a año debido al diagnóstico precoz y a los significativos avances realizados en los tratamientos; de manera que hoy en día el 90% de los casos detectados de forma temprana se cura.

No obstante, esto no siempre ocurre en los casos de cáncer de ovario, ya que no existe un análisis que permita su detección precoz y los síntomas aparecen cuando la enfermedad ya está avanzada.
En este contexto, y con el fin de impulsar mejoras en la calidad de vida de los pacientes, las principales entidades médicas del país de la especialidad decidieron reunirse y dar comienzo al nuevo Consenso Nacional Intersociedades de Cáncer de Ovario, conformado por un equipo multidisciplinario que investiga específicamente los nuevos tratamientos y descubrimientos sobre la enfermedad.

“Cánceres femeninos”, un desafío para la ciencia, los médicos y las familias
Según estadísticas del Ministerio de Salud de la Nación, cada año los cánceres de mama, cuello de útero y ovario son responsables de la muerte de aproximadamente 8.500 argentinas. Mientras los dos primeros lideran el ranking de mayor incidencia entre los tumores típicamente femeninos (con 19.386 y 4.956 nuevos casos anuales, respectivamente), el de ovario figura en el quinto puesto (2.274 casos en 2012). Sin embargo, las pacientes con cáncer de mama o cuello de útero tienen un pronóstico mucho más alentador que las que desarrollan cáncer de ovario: es que éste último no sólo no puede prevenirse sino que además tampoco existen tests que permitan diagnosticarlo precozmente. Así, el 70% de las pacientes se entera de su enfermedad cuando ya está avanzada.

Si recibir un diagnóstico de cáncer siempre es duro, para una mujer el que la enfermedad sea de origen ginecológico puede tener un impacto emocional aumentado. “Todos los ‘cánceres femeninos’ generan desafíos, principalmente por el compromiso de la sexualidad ante la ‘mutalización’ de los tratamientos, remoción de útero y ovarios con la potencial afectación de la fertilidad, y en algunos casos la mastectomía”, señala la Dra. Valeria Cáceres, del servicio de Oncología del Instituto Ángel Roffo, quien luego de mencionar también el tema de la caída del cabello y la hinchazón que generan algunas terapias, reflexiona: “El diagnóstico de cáncer es difícil para cualquiera, ya que nadie está preparado para estar enfermo y menos para enfrentar un diagnóstico como éste. Tal vez, el que sea ginecológico suma  el hecho de que si no se ha sido madre la enfermedad puede comprometer la fertilidad a futuro, sobre todo en el caso del cáncer de útero y ovario”.

Hay una contracara del cáncer en la mujer, del que muchas veces no se habla, y tiene que ver con el impacto dentro de las familias. Si bien hoy ellas trabajan a la par de los hombres, todavía gran parte de las responsabilidades del hogar y el cuidado de los niños siguen perteneciendo al universo femenino. Así, el recibir un diagnóstico de cáncer altera profundamente a las familias, ya que no sólo nace la preocupación por la salud del ser querido sino que además se altera toda la dinámica familiar.

Panorama

Tanto en cáncer de mama como en el de cuello de útero, los avances científicos y la innovación a la hora de desarrollar nuevos medicamentos han cambiado el curso natural de la enfermedad o bien reducido enormemente la posibilidad de enfermar.  Sin ir más lejos, en los últimos años, el mayor conocimiento entre las mujeres sobre la importancia de la mamografía periódica después de los 40 años, el diagnóstico precoz y los enormes avances realizados en los tratamientos, cambiaron drásticamente el panorama del cáncer de mama. Así, en la actualidad el 90% de los casos detectados de manera temprana se cura e, incluso, aquellos que por sus características moleculares antes tenían el peor pronóstico (los tumores HER2 positivos) hoy son el mejor ejemplo de las bondades de las terapias dirigidas a base de anticuerpos monoclonales, que, cuando no la revierten, logran cronificar la enfermedad.

En el caso del cáncer de cuello de útero, a la importancia del ya célebre Papanicolau (pap), que busca lesiones precancerosas para poder actuar antes de que aparezcan los síntomas, en los últimos años se sumó la vacuna que previene contra el contagio del virus del papiloma humano (VPH), que se esconde detrás del 99% de los casos de la enfermedad. Varios países –entre ellos, la Argentina–, incorporaron la vacunación obligatoria para niñas y adolescentes, lo que se espera que en el mediano y largo plazo consiga reducciones importantes en cuanto a la incidencia de la enfermedad.

Ahora bien, en cáncer de ovario el escenario es bastante diferente, ya que no sólo no existe un análisis que permita su detección precoz sino que además los síntomas aparecen cuando la enfermedad ya está avanzada. En este contexto, y con el fin de impulsar mejoras en el abordaje de las pacientes, las principales entidades del país involucradas en esta patología decidieron reunirse para establecer criterios comunes de acción en cuanto a su prevención, diagnóstico y tratamiento. Así fue como nació el nuevo Consenso Nacional Intersociedades de Cáncer de Ovario.

“La necesidad de hacer un Consenso surge ante estas carencias, para que los médicos puedan conocer cómo son los tratamientos de elección a nivel internacional que han demostrado mejorar el pronóstico de las pacientes, aumentando el período libre de enfermedad y la sobrevida. Está absolutamente demostrado el mejor pronóstico de quienes tienen un cáncer ginecológico cuando, de inicio, son tratadas por gineco-oncólogos. Desgraciadamente, hay muchos médicos que tratan cánceres ginecológicos sin ser especialistas”, informa la Dra. Juana V. Bayo, presidenta de la Asociación Argentina de Ginecología Oncológica (AAGO).

Coinciden con ella la Dra. Clelia Vico, jefa del Servicio de Oncología del Hospital José M. Penna, y la Dra. Valeria Cáceres, del Instituto Ángel Roffo. “Es mundial la afirmación de que el tratamiento quirúrgico del cáncer de ovario es el hecho prioritario más relevante para asegurar la efectividad de las terapias posteriores, y que es el cirujano oncólogo con entrenamiento ginecológico el más capacitado para abordar dicho tratamiento. Sin embargo, en nuestro país se observa una dificultad en la formación de cirujanos ginecólogos oncólogos”, dice Vico. Cáceres agrega que en el abordaje del cáncer de ovario avanzado, “el principal desafío es formar una equipo multidisciplinario sólido para afrontar el tratamiento de una enfermedad compleja. Los recursos humanos tienen que ser especializados; se necesita un cirujano ginecológico con especialización en ginecología oncológica; un excelente equipo de imágenes de alta complejidad y, además del oncólogo tratante, la posibilidad de interactuar con cirujanos generales”.

Convocadas por la Academia Nacional de Medicina, por intermedio del Instituto de Estudios Oncológicos, y ante la iniciativa de la AAGO, las entidades autoras (*ver listado completo al final del documento) avalan el nuevo Consenso Multidisciplinario.

“Las diferencias entre el consenso de 2006 y el de 2014 están dadas  por los conocimientos actuales del cáncer de ovario, desde  el aspecto de la biología molecular, la genética, el diagnóstico (con la incorporación a los métodos ya conocidos de la resonancia magnética y la tomografía por emisión de positrones), la nueva clasificación anátomopatológica de la Organización  Mundial de la  Salud, la modificación de la estadificación de la Federación Internacional de Ginecología Oncológica, el posicionamiento de las nuevas alternativas de tratamiento con quimioterapia y la incorporación de terapias biológicas como los antiangiogénicos”, enumera Vico.
Precisamente, el nuevo documento recomienda el uso de bevacizumab (Avastin) en primera línea, sin restricción alguna referida a la presencia o no de enfermedad residual. Otra novedad importante es que el flamante Consenso Nacional modifica los pasos para el seguimiento de las pacientes: ahora deberán realizarse controles cada 3 meses durante los dos primeros años; después cada 6 meses hasta los cinco años de iniciado el tratamiento, para luego pasar a ser anual. Ya no es necesario el seguimiento semestral durante 10 años.
En las últimas décadas, los médicos y las pacientes oncológicas han recorrido un largo camino cuyo paisaje, en muchos casos, ha ido mejorando. Otros todavía presentan enormes desafíos. Lo importante es que las mujeres pueden transitarlos acompañadas y confiando en que cada decisión médica está avalada y consensuada por expertos y es la mejor para cada una de ellas.
* Las Sociedades que avalan el nuevo Consenso son:
– Asociación Médica Argentina
– Academia Argentina de Cirugía
– Sociedad Argentina de Patología
– Sociedad Argentina de Radiología
– Asociación Argentina de Cirugía
– Sociedad Argentina de Cancerología
– Instituto de Oncología Ángel H. Roffo
– Asociación Argentina de Oncología Clínica
– Asociación Argentina de Ginecología Oncológica
– Sociedad Argentina de Terapia Radiante Oncológica
– Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Buenos Aires
– Federación Argentina de Sociedades de Ginecología y Obstetricia
Cáncer de ovario: incidencia estimada de 9 casos cada 100.000 mujeres (alrededor de 2.000 afectadas por año), el cáncer de ovario es el quinto tumor maligno más frecuente entre las argentinas y posee la tasa de mortalidad más alta entre todos los cánceres ginecológicos en países desarrollados. No se conoce una manera de prevenir el cáncer de ovario.