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El recuerdo para el Payo Matesevach, ícono del ciclismo sanjuanino

21 de marzo de 2013: Natalia, la hija del “Payo” Matesevach hace pública una hermosa historia de amor: “Eran muy unidos, casi 45 años de casados y de repente se va uno y el otro no resiste…”, piensa en voz alta Natalia sobre sus padres. Antonio “Payo” Matesevach, uno de los ídolos del ciclismo sanjuanino, se desplomó en los brazos de su mujer, Silvia Marenna, el 23 de julio último, para no volver jamás. Ella murió el 30 de diciembre en la puerta de la casa sobre Avenida España que habían compartido durante décadas, justo enfrente de la bicicletería en la que el Payo se ganaba la vida humildemente. A ambos les falló el corazón.
“En cinco meses me quedé sin padres. Mi mamá no tenía antecedentes cardíacos, ella no la pasó nada bien, era optimista pero no resistió. Ella decía que lo extrañaba y que le parecía que lo iba a ver guiñándole el ojo desde la vereda de enfrente. Me decía: ‘Me parece que lo veo en cada lugar de la casa, veo su ropa y es como que se la va a poner de nuevo’. Ella como esposa tenía recuerdos de su compañero, era como que le habían cortado una pierna, mi mamá estaba como mutilada, por dentro estaba destrozada, esas cosas bajan las defensas. Y estaba muy sola, al principio se acercan todos y después se retiran”, suspira la hija de los Matesevach.
Silvia y Antonio se conocieron en el peor momento del pedalista, cuando estaba abandonado en una cama del Hospital Fernández, tras ser atropellado en Canadá mientras representaba al país en los Panamericanos de Winnipeg de 1967. El accidente fue una bisagra para el Payo: casi lo mata, pero gracias a ese tormento encontró al amor de su vida en Capital Federal.

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