San Juan busca revalorizar su Torrontés
San Juan avanza en acciones para fortalecer la identidad del Torrontés y recuperar el valor de una variedad ligada a la historia vitivinícola argentina.
En el marco de la Semana del Torrontés, que comenzó este lunes 5 de octubre, la provincia impulsa espacios de participación y proyectos para revalorizar estas cepas.
Una estrategia que reúne a toda la cadena
Desde el Ministerio de Producción, Trabajo e Innovación se desarrollan los talleres “Viticultura 360”, concebidos como espacios para reunir a los distintos sectores vinculados con la actividad vitivinícola. El objetivo es construir una estrategia común que contemple a productores, elaboradores y otros actores de la cadena de valor.
La iniciativa busca fortalecer el posicionamiento del Torrontés y, al mismo tiempo, preservar el legado histórico y cultural de la vitivinicultura sanjuanina. La propuesta también pone el foco en el tejido social que sostiene esta actividad y en la necesidad de generar nuevas oportunidades para variedades que forman parte del patrimonio productivo de la provincia.
Una variedad con identidad argentina
El Torrontés argentino pertenece a la familia de las variedades criollas y se presenta en tres tipos: sanjuanino, mendocino y riojano. En conjunto, representan el principal varietal blanco en volumen de producción del país.
Entre ellos, el Torrontés Riojano tiene un lugar destacado por su carácter aromático y por los vinos secos que se elaboran con sus uvas, reconocidos por sus particulares aromas terpénicos. Esta variedad es considerada uno de los vinos emblemáticos de la Argentina.
El Torrontés Sanjuanino comparte algunas de esas características, aunque suele utilizarse en vinos elaborados junto con otros cepajes blancos. La información forma parte de un informe elaborado por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV).
El desafío de recuperar cepas ancestrales
El Torrontés Sanjuanino también posee características propias que permiten diferenciarlo dentro de la familia. Sus plantas presentan hojas medianas a grandes, de color verde intenso, mientras que los racimos son medianos a grandes, compactos y de forma cónica.
Sus bayas tienen una forma elipsoidal, un tono blanco dorado y un perfume con notas moscatelizadas. Más allá de sus características ampelográficas, la variedad representa una oportunidad para recuperar parte de la diversidad vitivinícola de San Juan.
En ese camino, el Valle de Calingasta aparece como una de las zonas con mayor potencial. Allí distintos proyectos trabajan en la recuperación y revalorización de cepas ancestrales, con la mirada puesta tanto en su identidad como en las posibilidades que pueden ofrecer para el futuro de la producción vitivinícola provincial.