Episodio 4: El Panzón

Antes de los sponsors, flashes y redes, hubo arqueros que se ganaban el respeto en los bares. Esta es la historia de uno de ellos, el más grande para mí.
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Por: Oscar "Chino" Zavala

Gatti, Amadeo, Fillol… hummmm… no. Reggi, Iaconetti, Filizzola… los de mi Mendoza natal tampoco. Para mi el más grande de todos fue “El Panzón” ¡Qué arquero! Lo conocí en el 57 en un bar de la calle San Luis (de Las Heras, claro): camiseta amarilla brillante (sin sponsor, obvio) y pantalón azul ¡Qué estampa!

¡Como atajaba el Panzón! Los delanteros le pateaban a quemarropa, se arrojaba con los pies para adelante y la sacaba, de media distancia lo querían sorprender. Y esos tiros… ¡con el pecho los paraba! Los remates de los defensores que pateaban de arco a arco, con la cabeza rechazaba. El Panzón atajaba todo, con los pies, con el pecho y la cabeza. Porque el Panzón no tenía brazos… ¡Era un arquero sin brazos!

Episodio 1: Fantasías futboleras infantiles

El Panzón decía, a quien quisiera escucharlo, que la naturaleza es sabia, porque así como hoy no precisamos tener cola como los animales, él no necesitaba brazos para ser arquero. Si no se tiraban córners ni tenía que salir a descolgar centros.

La polémica de los técnicos siempre existió. Y el Panzón no estaba ajeno a ella, como siempre hubo distintas escuelas. Él se sentía identificado con una raza a la que llamaban “firmes” que tantas satisfacciones le dio, y mucha bronca con los que no lo supieron manejar y tuvo que “comerse” docenas de goles en un día.

El público se iba alejando, casi no iban a verlo, en el último tiempo sólo lo seguía un puñado de “iniciados”.

Un día al equipo rival se le lesionó el centrodelantero y como las arcas ya no deban no le buscaron reemplazante, con uno menos enfrente la cosa era mas fácil y más aún cuando se fue otro delantero y tampoco hubo cambio. Se despoblaba la cancha en proporción geométrica con los hinchas.

Una tarde fui a verlo y no lo encontré, ni a él ni a sus compañeros. No quedaba nada de nada. Las versiones no eran coincidentes. Algunos hablaban de la irresponsabilidad de un adolescente. Que “quebró” al arquero. Y con el tiempo se hizo leyenda. Que el Panzón vivió toda su vida crucificado, que tuvieron que sacarle un madero que le atravesaba a la altura de los hombros, etc.

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Y no lo vi más, porque ese bar también desapareció. Hoy en ese lugar funciona un videojuego ¡Que arquero fue el Panzón!

Por eso me lo nombran a Roma, a Cejas, a Santoro, a Pedone, Cabaleiro o Tamagone… los de ahora, los de antes, de tantos arqueros que vi y digo que el más grande todos fue “el Panzón”, el arquero sin brazos que descubrí en el 57 en un bar de la calle San Luis de Las Heras… cuando conocí el primer metegol.

El Panzón era el arquero del metegol

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