


El pichiciego, tesoro oculto del desierto mendocino
Periodistas CuyoNoticias

Especialistas del CONICET Mendoza destacaron la importancia del pichiciego menor, uno de los animales más difíciles de ver en el país, y el rol fundamental de la Reserva de Biósfera Ñacuñán para su conservación. El hallazgo reciente de un ejemplar permitió reforzar los estudios científicos sobre esta especie única del desierto.
Un animal pequeño, pero clave para el ecosistema





El pichiciego menor, cuyo nombre científico es Chlamyphorus truncatus, es el armadillo más pequeño del mundo y uno de los animales más particulares que habitan en las zonas áridas del centro de Argentina. Puede pesar alrededor de 100 gramos y pasa casi toda su vida bajo tierra, lo que explica por qué es tan difícil de observar.
Su nombre combina dos características. “Pichi” significa “chiquito” en mapudungun y “ciego” hace referencia a que no distingue colores. En inglés se lo conoce como pink fairy armadillo, un término que suele traducirse de manera literal como “armadillo hada rosa”, aunque en realidad solo alude al color claro de su coraza.
La investigadora Mariella Superina, del CONICET Mendoza en el Instituto de Medicina y Biología Experimental de Cuyo (IMBECU-CONICET), explicó que este animal posee adaptaciones muy particulares que le permiten sobrevivir en ambientes extremos, donde la temperatura y la disponibilidad de alimento cambian de forma constante.
Cómo vive el pichiciego bajo la arena
Según detalló la especialista, la coraza cumple una función clave para regular la temperatura del cuerpo. Cuando hace calor, aumenta la circulación de sangre y el caparazón se ve más rosado. Cuando la temperatura baja, la sangre se concentra en el centro del cuerpo y el color se vuelve más pálido.
Otra característica llamativa es la placa vertical que tiene en la parte trasera. Con ella compacta la arena mientras excava, creando un espacio donde puede desplazarse y respirar. Al mismo tiempo, esa misma estructura le permite cerrar el túnel y evitar el ingreso de depredadores.
El pichiciego se mueve principalmente de noche y solo sale a la superficie por momentos muy breves. Camina unos pocos metros y vuelve a enterrarse. Ese comportamiento, sumado a su tamaño reducido, hace que los registros científicos sean escasos y muy valiosos para los investigadores.
Superina advirtió que se trata de una especie muy sensible. La pérdida de hábitat, la presencia de perros y gatos, y la intervención humana representan las principales amenazas. También recordó que está prohibido capturarlo o tenerlo como mascota, ya que el estrés puede provocarle la muerte en poco tiempo.
La Reserva Ñacuñán, un refugio para especies únicas




El reciente registro de un pichiciego se produjo dentro de la Reserva de Biósfera Ñacuñán, un área protegida ubicada en el sureste de la provincia de Mendoza, dentro del ecosistema del Desierto del Monte. Allí se conservan ambientes naturales que resultan fundamentales para la supervivencia de muchas especies del secano.
El coordinador de la reserva, Pablo Cuello, explicó que Ñacuñán fue creada en 1961 con el objetivo de proteger los bosques de algarrobo, que habían sufrido un fuerte proceso de deforestación. Con el tiempo, el lugar se transformó en un sitio clave para la investigación científica y la conservación.
En 1986 el área fue reconocida por la UNESCO como Reserva de Biósfera, lo que consolidó su importancia a nivel internacional. Desde entonces funciona como un espacio modelo donde se combinan la protección de la naturaleza, el trabajo científico y la educación ambiental.
Dentro de la reserva funciona una estación biológica donde investigadores del CONICET realizan estudios de largo plazo sobre el funcionamiento del ecosistema, el comportamiento de la fauna y el impacto de la actividad humana en zonas áridas.
Un registro poco frecuente que aporta datos científicos
El ejemplar fue detectado durante tareas de control y vigilancia realizadas por guardaparques dentro del área protegida. Las agentes registraron la ubicación exacta, tomaron datos del animal y documentaron el hallazgo, generando información que será utilizada en futuras investigaciones.
Cuello explicó que este tipo de observaciones es especialmente importante porque el pichiciego es una especie muy difícil de estudiar. Su comportamiento subterráneo y su distribución limitada hacen que aparezca muy pocas veces en relevamientos tradicionales.
Cada registro permite conocer mejor dónde vive, cómo se desplaza y en qué condiciones ambientales se lo puede encontrar. Esa información resulta fundamental para diseñar estrategias de conservación y para evaluar el estado de la especie en el tiempo.
Los especialistas remarcaron que el trabajo conjunto entre guardaparques e investigadores es clave. La presencia permanente en el territorio permite detectar situaciones que no siempre aparecen en los estudios teóricos o en las campañas científicas programadas.
Ciencia, conservación y trabajo en equipo
Desde el CONICET señalaron que el estudio del pichiciego demuestra la importancia de sostener investigaciones a largo plazo en ecosistemas áridos, donde muchas especies todavía son poco conocidas. También remarcaron que la ciencia pública cumple un rol central para generar información que permita proteger la biodiversidad.
Para la Reserva Ñacuñán, estos estudios confirman su valor como refugio de especies singulares y sensibles del Monte. La presencia del pichiciego refuerza la necesidad de mantener áreas protegidas y de continuar con los programas de monitoreo y conservación.
Los investigadores destacaron que el conocimiento científico no solo sirve para entender cómo viven los animales, sino también para tomar decisiones sobre el uso del territorio, el manejo de los recursos naturales y la planificación ambiental.
En el caso del pichiciego, cada dato cuenta. Conocer su distribución, sus hábitos y sus amenazas permite pensar medidas concretas para evitar su desaparición. Los especialistas coinciden en que se trata de una especie única, muy representativa del paisaje mendocino y parte del patrimonio natural de la provincia.
El desafío ahora es seguir estudiándolo y proteger su hábitat, para que las futuras generaciones también puedan conocer a este pequeño habitante del desierto que, aunque casi no se deja ver, cumple un papel importante en el equilibrio del ecosistema.
























