Amor, engaño y corazón: cuando la emoción impacta
El 13 y 14 de febrero concentran emociones intensas que no pasan desapercibidas para el cuerpo. Infidelidad y enamoramiento, aunque opuestos en lo simbólico, activan respuestas similares en el sistema cardiovascular. La cardiología advierte que el corazón no solo late: reacciona de forma concreta ante el impacto emocional, con efectos que pueden ser beneficiosos o riesgosos.
El corazón como órgano sensible al contexto emocional
El sistema cardiovascular responde de manera directa a lo que una persona siente y vive. Emociones intensas, ya sean placenteras o angustiantes, activan circuitos hormonales y neurológicos que influyen sobre la frecuencia cardíaca, la presión arterial y el flujo sanguíneo. No se trata de una metáfora. El corazón recibe señales químicas que modifican su funcionamiento en tiempo real. En situaciones de alta carga emocional, el organismo libera neurotransmisores como la dopamina y la oxitocina. Estas sustancias favorecen la vasodilatación, mejoran la circulación y pueden reducir transitoriamente la presión arterial. Al mismo tiempo, disminuye la producción de cortisol, la hormona asociada al estrés. Este mecanismo explica por qué estados de enamoramiento o excitación emocional generan sensación de bienestar físico, energía y una mayor activación general del cuerpo.
La trampa del engaño y la respuesta fisiológica
La infidelidad implica una serie de conductas sostenidas en el tiempo: ocultar, planificar, mentir y vivir en alerta constante. Ese estado mantiene al organismo en tensión. El cuerpo se prepara para responder, aunque no haya una amenaza física real. El sistema nervioso autónomo se activa, aumenta la frecuencia cardíaca y se modifican los niveles hormonales. Paradójicamente, en el corto plazo, este proceso también puede producir efectos considerados positivos desde lo fisiológico. La liberación de dopamina y oxitocina mejora el flujo sanguíneo y mantiene al corazón activo. Sin embargo, el beneficio es transitorio. Cuando la tensión se prolonga, el equilibrio se pierde. El estrés sostenido deja de ser adaptativo y se transforma en un factor de riesgo. Dormir poco, consumir más alcohol, vivir con culpa o miedo y sostener conflictos ocultos impacta de forma acumulativa sobre la salud cardiovascular.
Enamoramiento: química, activación y cambios reales
El enamoramiento produce una respuesta corporal intensa y medible. Aumenta la frecuencia cardíaca, se acelera el pulso y se incrementa el flujo de sangre hacia distintos órganos. La dopamina genera sensación de placer y motivación. La oxitocina fortalece el vínculo y reduce la percepción de amenaza. La serotonina se asocia al bienestar emocional y a estados de calma. En conjunto, estas sustancias explican por qué una persona enamorada suele sentirse más vital, con mayor energía y menor percepción de fatiga. Desde la cardiología, se observa que estos cambios pueden ser beneficiosos si se dan en un contexto de estabilidad emocional. El corazón se mantiene activo, responde bien al estímulo y se adapta sin dificultad. El problema aparece cuando la intensidad emocional se combina con expectativas frustradas, conflictos no resueltos o pérdidas repentinas. Allí, el mismo sistema que antes favorecía el equilibrio puede desbordarse.
Cuando la emoción se vuelve un detonante clínico
Existe una entidad reconocida llamada cardiomiopatía por estrés, también conocida como síndrome del corazón roto o miocardiopatía de Takotsubo. Se trata de una disfunción transitoria del músculo cardíaco que puede simular un infarto agudo de miocardio. Los síntomas incluyen dolor en el pecho, falta de aire, alteraciones en el electrocardiograma y elevación de marcadores cardíacos. A diferencia del infarto clásico, no hay obstrucción de las arterias coronarias. El desencadenante suele ser un evento emocional intenso. Una ruptura amorosa, una infidelidad descubierta, una discusión violenta o una pérdida afectiva pueden provocar una descarga abrupta de catecolaminas, las hormonas del estrés. El corazón queda funcionalmente “aturdido” y disminuye su capacidad de bombeo de forma transitoria.
Quiénes tienen más riesgo y por qué
La cardiomiopatía por estrés puede afectar a cualquier persona, pero es más frecuente en mujeres, especialmente después de la menopausia. En los últimos años, también se describen más casos en varones jóvenes sometidos a estrés emocional sostenido. El Dr. Luis Cicco (MN 81369), cardiólogo integrante de la Federación Argentina de Cardiología, explica que “en fechas donde se intensifican expectativas, frustraciones, culpas y conflictos vinculares, el riesgo no es teórico. El cuerpo responde a lo que la mente procesa”. El contexto emocional actúa como un factor de riesgo real. No depende solo de la edad o de antecedentes cardíacos. La acumulación de tensiones, la falta de descanso y la exposición a emociones extremas aumentan la vulnerabilidad del sistema cardiovascular.
Síntomas de alerta y la importancia del diagnóstico temprano
Desde la mirada cardiológica, reconocer los síntomas a tiempo es clave. Dolor u opresión en el pecho, palpitaciones, dificultad para respirar, mareos o una sensación de angustia física persistente no deben minimizarse. Consultar de forma precoz puede marcar la diferencia. Según los especialistas, la mayoría de los pacientes con cardiomiopatía por estrés se recupera completamente con tratamiento adecuado y seguimiento médico. El diagnóstico oportuno evita complicaciones y permite descartar otras patologías graves. “El mensaje no apunta al juicio moral, sino a la conciencia corporal”, señala Cicco. Escuchar al cuerpo y no ignorar las señales es una forma concreta de prevención. El corazón responde a las emociones, pero también necesita tiempo, cuidado y atención para recuperarse.
Cuidar los vínculos también es cuidar el corazón
En la semana del amor y de las verdades incómodas, la cardiología recuerda que la salud cardiovascular no depende solo de la alimentación o del ejercicio. Gestionar el estrés emocional, hablar de los conflictos, pedir ayuda y sostener relaciones humanas sanas también forma parte de la prevención. Dormir bien, evitar excesos y reconocer los propios límites reduce el impacto del estrés sobre el organismo. El corazón no distingue entre una emoción positiva o negativa extrema. Responde a la intensidad. Entender este vínculo permite tomar decisiones más conscientes y cuidar un órgano que trabaja sin pausa, incluso cuando las emociones desbordan.
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