Mielofibrosis: crece la preocupación por la anemia crónica
La mielofibrosis es una enfermedad hematológica poco frecuente que afecta la médula ósea y altera la producción normal de células sanguíneas. En Argentina, uno de cada tres pacientes ya presenta anemia al momento del diagnóstico y casi el 100% la desarrollará con el avance de la enfermedad. Especialistas advierten que esta complicación impacta de manera directa en la calidad de vida y puede aumentar la necesidad de transfusiones de sangre.
Una enfermedad silenciosa y compleja
La mielofibrosis se produce cuando la médula ósea, encargada de fabricar glóbulos rojos, blancos y plaquetas, comienza a reemplazarse por tejido fibroso. Esto dificulta el funcionamiento normal del organismo y obliga a otros órganos, como el bazo y el hígado, a compensar la producción sanguínea. Como consecuencia, estos pueden aumentar de tamaño y provocar nuevas complicaciones.
La enfermedad afecta por igual a hombres y mujeres y suele diagnosticarse entre los 60 y 65 años. En algunos casos, aparece como consecuencia de otros trastornos hematológicos previos. Durante las primeras etapas puede pasar inadvertida, pero con el tiempo surgen síntomas que alteran la rutina diaria, como cansancio intenso, dificultad para respirar, sudoración nocturna, pérdida de peso involuntaria y dolor abdominal.
Según explicó la hematóloga Georgina Bendek, más del 80% de los pacientes reporta un deterioro importante en su calidad de vida incluso en fases tempranas de la enfermedad. “Uno de cada tres pacientes ya padece anemia al momento del diagnóstico y casi la totalidad la desarrollará con el avance de la patología”, señaló la especialista.
La anemia y el impacto de las transfusiones
La anemia es una de las complicaciones más frecuentes y severas de la mielofibrosis. La disminución de glóbulos rojos genera debilidad física, agotamiento y menor capacidad para realizar actividades cotidianas. Además, muchos pacientes deben recurrir a transfusiones periódicas de sangre para mantener niveles adecuados de hemoglobina.
Se estima que hasta el 40% de las personas con mielofibrosis necesitará transfusiones dentro del primer año desde el diagnóstico. Esta dependencia implica controles médicos constantes, visitas frecuentes a centros de salud y un fuerte impacto emocional y social. “La anemia moderada a severa y la dependencia transfusional disminuyen la expectativa de vida, por lo que su tratamiento es fundamental”, advirtió Bendek.
Una nueva alternativa terapéutica
Hasta ahora, los tratamientos disponibles en Argentina se enfocaban principalmente en aliviar síntomas generales mediante inhibidores de las enzimas Janus quinasas, conocidas como JAK. Sin embargo, una nueva opción terapéutica incorpora un mecanismo adicional que apunta directamente a mejorar la anemia.
El tratamiento actúa inhibiendo un receptor llamado ACVR1, relacionado con la producción de hepcidina, una sustancia que dificulta el aprovechamiento del hierro necesario para producir glóbulos rojos. Al reducir esos niveles, el organismo puede utilizar mejor el hierro disponible y disminuir la necesidad de transfusiones.
Especialistas destacan que esta alternativa podría representar un cambio importante para quienes conviven con la enfermedad. Menos anemia implica menos internaciones, menos complicaciones y mayor autonomía para los pacientes. Además, permite recuperar energía para las actividades diarias y mejorar el bienestar general en una enfermedad que, aunque poco frecuente, tiene un fuerte impacto en la vida cotidiana.