La anemia agrava la mielofibrosis

Una de cada tres personas ya presenta anemia al ser diagnosticada. Un nuevo tratamiento promete reducir transfusiones y mejorar la calidad de vida.
Salud07/05/2026Redacción CuyoNoticiasRedacción CuyoNoticias
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La mielofibrosis es una enfermedad poco frecuente que afecta la médula ósea y altera la producción normal de células sanguíneas. En Argentina, uno de cada tres pacientes presenta anemia desde el momento del diagnóstico y casi todos la desarrollarán con el avance de la enfermedad. Ahora, una nueva alternativa terapéutica busca reducir una de sus consecuencias más severas: la dependencia de transfusiones de sangre.

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Una enfermedad silenciosa y progresiva

La mielofibrosis es un trastorno hematológico crónico que reemplaza progresivamente la médula ósea sana por tejido fibroso. Esto impide que el organismo produzca correctamente glóbulos rojos, blancos y plaquetas. Como consecuencia, órganos como el bazo y el hígado intentan compensar esa falla y pueden aumentar de tamaño. Aunque puede aparecer a cualquier edad, el diagnóstico suele darse entre los 60 y 65 años y afecta por igual a hombres y mujeres.

En sus primeras etapas, la enfermedad puede no presentar síntomas claros. Sin embargo, con el tiempo suelen aparecer señales que impactan directamente en la vida cotidiana: cansancio extremo, dificultad para respirar, dolor abdominal, sudoración nocturna, pérdida involuntaria de peso y sensación de saciedad rápida al comer. Según especialistas, más del 80% de los pacientes reporta un deterioro importante de su calidad de vida incluso en etapas tempranas.

La anemia, una de las complicaciones más graves

La anemia es una de las consecuencias más frecuentes y complejas de la mielofibrosis. La disminución de glóbulos rojos provoca debilidad, agotamiento y limitaciones físicas que afectan la vida laboral, social y personal. Además, muchos pacientes terminan necesitando transfusiones periódicas de sangre para sostener niveles adecuados de hemoglobina.

La médica hematóloga Georgina Bendek explicó que la anemia moderada o severa, sumada a la dependencia transfusional, también puede reducir la expectativa de vida. Se estima que hasta el 40% de los pacientes requerirá transfusiones dentro del primer año desde el diagnóstico. Esto implica visitas frecuentes a centros de salud y un fuerte impacto emocional y físico para quienes conviven con la enfermedad.

Un nuevo tratamiento que apunta a mejorar la calidad de vida

Hasta ahora, los tratamientos disponibles en Argentina se enfocaban principalmente en aliviar síntomas generales mediante inhibidores de las enzimas Janus quinasas, conocidas como JAK. La nueva opción terapéutica incorpora además un mecanismo que actúa sobre la anemia. Lo hace mediante la inhibición de un receptor llamado ACVR1, relacionado con la producción de hepcidina, una sustancia que dificulta el uso adecuado del hierro en el organismo.

Según los especialistas, esta combinación permitiría disminuir la anemia y reducir, e incluso evitar, la necesidad de transfusiones de glóbulos rojos. En la práctica, esto se traduce en menos internaciones, menor cantidad de controles médicos y más autonomía para los pacientes. “Este tipo de tratamientos marca un cambio importante en el abordaje de la enfermedad, porque no solo actúa sobre los síntomas, sino que impacta directamente en la anemia”, sostuvo Bendek.

Los médicos destacan además la importancia de detectar la enfermedad de manera temprana y consultar ante síntomas persistentes como fatiga intensa o pérdida de peso sin explicación. Aunque se trata de una patología poco frecuente, el avance de nuevas terapias abre expectativas para mejorar el día a día de quienes conviven con esta condición.

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