La necesidad vital de hacer ejercicio de los pacientes hipertensos
Un artículo del blog de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), da cuenta de que todos los tipos de entrenamiento - entrenamiento de resistencia aeróbica, como correr, nadar o montar en bici; entrenamiento de fuerza dinámica, como el ejercicio dinámico con mancuernas; y entrenamiento de fuerza isométrica, como las planchas - disminuyen las cifras de tensión arterial. De hecho, el ejercicio juega tal papel en el control de presión, que incluso en algunos grupos, como los que padecen hipertensión de grado I -140-149/90-99 mmHg-, puede llegar a tener los mismos resultados que la medicación y además, sin efectos secundarios.
Para el paciente hipertenso, el ejercicio más recomendable suele ser el de tipo aeróbico, que reduce tanto la presión sistólica como la diastólica a diferencia del ejercicio anaeróbico y de resistencia -ciclismo de montaña, halterofilia…-, que puede elevar la presión arterial sistólica. En cualquier caso, la respuesta, según la doctora Masiá, no se puede generalizar, aunque “probablemente, en la gran mayoría de casos, el entrenamiento combinado, con un buen control de todas las variables, siendo derivados a profesionales expertos en el tema, sea la mejor opción que les podamos plantear”, señala.
Además de mantener un estilo de vida activo y destinar diariamente un tiempo al ejercicio físico si es posible, hay otras medidas que también nos pueden ayudar. Una de ellas es seguir la alimentación recomendada, rica en fruta, verdura y legumbres, reduciendo las grasas, especialmente las saturadas, y disminuyendo la cantidad de sal a menos de 5 gramos diarios –una cucharadita de café-. La dieta que se propone en este enlace puede orientar a quienes estén buscando información relacionada con qué productos consumir. Respecto al alcohol, el exceso de consumo puede derivar en un incremento de la presión arterial, por lo que es buena idea evitarlo. Y en cuanto al tabaco, los expertos recuerdan que si la presión alta aparece en personas fumadoras, las posibilidades de sufrir un infarto cerebral o de miocardio se multiplican.