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ACV: cuidar el corazón también salva el cerebro

En el Día Mundial del Accidente Cerebrovascular, la Federación Argentina de Cardiología advierte sobre los factores de riesgo, las señales de alarma y la importancia de actuar sin demora.
Salud22/10/2026Redacción CuyoNoticiasRedacción CuyoNoticias
ACV
ACV

Cada 29 de octubre se conmemora el Día Mundial del Accidente Cerebrovascular (ACV), una fecha para concientizar sobre sus consecuencias y la importancia de prevenirlo.

La Federación Argentina de Cardiología recuerda que la salud del corazón y la del cerebro están estrechamente relacionadas, y que controlar los factores de riesgo puede ayudar a evitar estos episodios.

Una misma amenaza para el corazón y el cerebro

El ACV no es solamente una enfermedad neurológica. También está vinculado con la salud de los vasos sanguíneos y comparte factores de riesgo con las enfermedades cardiovasculares. La hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol elevado, el tabaquismo, la obesidad y el sedentarismo pueden afectar tanto al corazón como al cerebro.

Además, algunas enfermedades cardíacas, como la fibrilación auricular, favorecen la formación de coágulos que pueden llegar al cerebro y provocar un accidente cerebrovascular. “El cerebro es también un órgano blanco de la enfermedad vascular.

Muchas veces el daño comienza mucho antes de que aparezca un evento clínico”, explica el doctor Augusto Vicario, cardiólogo de la Federación Argentina de Cardiología (FAC) y coordinador de la Unidad Corazón-Cerebro del ICBA. La advertencia pone el foco en la prevención: el daño vascular puede avanzar durante años sin manifestar síntomas evidentes.

corazon y emociones enfermedadAlertan por fallas en atención cardíaca

Cómo reconocer las señales de un ACV

La presión arterial elevada es uno de los principales factores de riesgo modificables. Por eso, medirla periódicamente y seguir el tratamiento indicado resulta fundamental. “Controlar adecuadamente la presión arterial es una de las medidas más importantes para proteger tanto al corazón como al cerebro”, señala el doctor Alejandro De Cerchio, cardiólogo de la FAC y referente de la Red Federal Corazón-Cerebro.

Sin embargo, la prevención debe complementarse con el reconocimiento temprano de los síntomas. La aparición repentina de una desviación de la boca, la pérdida de fuerza en un brazo o una pierna, las dificultades para hablar o los cambios bruscos en la visión o el equilibrio son señales de alarma. Ante cualquiera de estos signos, es necesario solicitar asistencia médica de emergencia de inmediato.

No hay que esperar a que desaparezcan ni intentar resolver la situación en casa. El tiempo es determinante para la atención de un ACV y cada minuto cuenta.

La recuperación también requiere prevención

Después de un accidente cerebrovascular, la atención no termina cuando se supera la etapa aguda. La rehabilitación interdisciplinaria busca recuperar funciones, favorecer la autonomía y mejorar la calidad de vida.

Al mismo tiempo, es importante investigar posibles causas cardíacas y mantener bajo control los factores de riesgo para reducir las probabilidades de sufrir un nuevo episodio. El doctor Gustavo Cerezo, cardiólogo, expresidente de la FAC y referente en prevención cardiovascular y cerebrovascular, destaca que ambas enfermedades comparten un mismo terreno vascular y requieren un abordaje integral.

Por eso, el seguimiento médico debe continuar después del evento, con controles y tratamientos adaptados a cada persona.

Prevenir hoy para proteger el futuro

Desde la Federación Argentina de Cardiología insisten en que no es necesario esperar a tener síntomas para cuidar la salud cerebral. Los controles médicos periódicos, el tratamiento adecuado de la hipertensión y la diabetes, la vigilancia del colesterol, el abandono del tabaco y la reducción del sedentarismo forman parte de las medidas de prevención.

También es importante atender la obesidad y consultar con profesionales de la salud para evaluar los riesgos individuales. El mensaje de la entidad es claro: cuidar el corazón también significa proteger el cerebro. Reconocer los factores de riesgo, mantener los controles y actuar rápidamente ante una señal de alarma puede marcar una diferencia decisiva en la prevención de la discapacidad y de nuevos episodios.

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