

Gendarmes hallan tesoros antiguos en San Juan
Periodistas CuyoNoticias


Un grupo de gendarmes de San Juan tropezó con algo especial mientras hacía su trabajo habitual. Durante recorridas a pie y en vehículo por zonas cercanas a la Ruta Nacional 150, en el departamento Iglesia, descubrieron restos valiosos del pasado. Primero aparecieron pinturas rupestres en Las Flores. Después, en Angualasto, encontraron una conana y dos morteros de piedra con sus manos. Todo pertenece a culturas prehispánicas como la Huarpe y la Diaguita. Los uniformados actuaron con rapidez: georreferenciaron los sitios y avisaron a la Dirección de Patrimonio Cultural de la provincia Cuyana. Así se asegura que estos pedazos de historia queden bien cuidados para las generaciones futuras.
Un encuentro inesperado en el paisaje árido
Imaginá la escena: tres gendarmes de pie en medio de un desierto rocoso, con el sol fuerte arriba y cerros marrones alrededor. Llevan uniformes de campaña, chalecos tácticos y gorras. Uno con boina negra, otro con gorra verde. Delante de ellos, una piedra grande con un agujero natural y una etiqueta verde que dice "GNA". El viento mueve las matitas secas, y el cielo está de un azul intenso. En otra foto similar, los mismos hombres miran hacia la cámara junto a una roca enorme marcada igual. Esas imágenes capturan el momento justo después del hallazgo. No es todos los días que una patrulla rutinaria termina frente a algo tan antiguo y frágil.

Petroglifos en Las Flores: huellas en la roca
El primer descubrimiento ocurrió en Las Flores, cerca del Grupo "Guardia Vieja". Los efectivos de la Sección homónima, dependientes del Escuadrón 25 "Jáchal", caminaban por el terreno pedregoso. De pronto vieron las pinturas rupestres, también llamadas petroglifos. Son figuras talladas o pintadas en la piedra por pueblos originarios hace siglos. Representan arte, creencias y vida cotidiana de quienes vivieron allí mucho antes de la llegada de los europeos. Los gendarmes no tocaron nada. Llamaron de inmediato al Área Técnica Arqueológica de la Dirección de Patrimonio Cultural. Les indicaron cómo registrar las coordenadas GPS exactas. Así se inicia el proceso oficial de estudio y protección. Un gesto simple que evita daños y preserva el sitio para investigadores y visitantes responsables.


Utensilios en Angualasto: herramientas de la vida diaria
Más adelante, integrantes del Grupo Especial de Alta Montaña (GEAM) y de la Sección "Angualasto" patrullaban la zona montañosa. Combinaron vehículos y caminatas para cubrir más terreno. En un punto remoto encontraron una conana –un recipiente de piedra para moler granos– y dos morteros con sus respectivas manos de moler. Estos objetos los usaban las culturas Huarpe y Diaguita para preparar alimentos, quizás también plantas medicinales. La región cordillerana guarda muchos secretos así. Los gendarmes volvieron a contactar a los especialistas provinciales. Recibieron instrucciones precisas: medir todo con cuidado, tomar las posiciones geográficas y documentar sin mover las piezas. De esa forma se garantiza que los vestigios sigan en su lugar original, contando su historia sin interrupciones.
El rol clave de la Gendarmería en la protección
Estos hallazgos muestran cómo el trabajo cotidiano de la Gendarmería Nacional va más allá de la seguridad fronteriza. En zonas remotas como estas, los patrullajes ayudan a detectar y resguardar el patrimonio cultural. No es la primera vez que ocurre algo parecido en San Juan. Pero cada caso refuerza la importancia de estar atentos. Los uniformados actuaron con profesionalismo y respeto. Comunicaron todo de forma inmediata. Eso permite que arqueólogos y expertos intervengan rápido. Al final, se trata de cuidar lo que nos dejaron quienes habitaron estas tierras hace cientos o miles de años. Un recordatorio de que el pasado sigue presente en cada piedra y cada dibujo en la roca. Gracias a esa vigilancia atenta, todos podemos seguir aprendiendo de nuestra historia compartida.
























