Historias de diarios en primera persona

Sociedad 25 de marzo de 2022 Por Eduardo Luis Ayassa
A lo largo del tiempo, el mes de marzo, tiene algo en común con el periodismo mendocino. Aquí una historia en primera persona.
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Quedarse con los apuntes de un encuentro de fútbol escrito en un cuaderno sin posibilidad de ser publicado fue un hecho tan lamentable como saber que El Tiempo de Cuyo, ese sábado 23 de marzo de 1968 y sin previo aviso, dejaba un vacío en la calle y sus lectores. Esa tarde fui designado para cubrir un partido de fútbol que Gimnasia y Esgrima jugaba como local. Hoy, difícil es recordar el rival y mucho menos el resultado del partido.

La razón es que antes de los 90 minutos de juego un plateista se me acercó y me dijo: "Venís por el Tiempo... no te calientes porque el diario cerró...". Solo me quedo con el birome en la mano, un cuaderno abierto y la incertidumbre de saber la verdad que descubrí minutos más tarde, cuando desande el camino hasta la calle Lavalle donde estaba la redacción y me encuentro con las puertas cerradas.

Fue una despedida silenciosa entre varios compañeros que, como yo, llegaron con la intención de volcar en la máquina de escribir (Olivetti 80) las novedades que habían salido a buscar. Al Tiempo de Cuyo, diario fundado el 22 de abril de 1956, ingrese de la mano de Walter Godoy, jefe de deporte del matutino, donde experimente la experiencia que significó la inauguración del autódromo El Zonda (hoy rebautizado Eduardo Copello) un 8 de octubre de 1967.

Ese diario tomo el liderazgo en la provincia de Mendoza (Arg) cuando desarrollo una serie de notas bajo el título de la "Dolce Vita", donde Martínez Anzorena describía con lujos de detalles el bajo mundo de la droga y la prostitución y que de la mano del juez Núñez termino con el "negocio" de Toni Bargado, dueño entre otros del "Chantecler" en los límites de Guaymallen con la ciudad. Sin embargo, el ocaso se veía venir cuando los números de las ventas no se acercaban a la inversión y se decidió silenciar la rotativa y ese cierre me dejó, como a muchos otros, en la calle.

Algunos trabajadores aún hoy guardan los vales para comprar en una sastrería que, como El Tiempo de Cuyo, ya no existe más. 


El Mendoza, aparece un nuevo diario

Se llamaba Mendoza, propiedad de la familia Montes oriundos de la vecina San Juan. Fue el día 19 de marzo de 1969, cuando con una impresión en seco, conocida como sistema offset, superaba y despedía al tradicional plomo e incorporaba el color. Era dirigido por Francisco Montes (h), secundado en la redacción por Luis Mas, Luis Montaldi y Alfredo del Giusti.

Ahí, en la contratapa de una de las múltiples secciones, escribí mi primera nota con una entrevista a Johnny Alberto Cecotto, hoy un ex piloto venezolano y en aquellos años futuro campeón del mundo de motociclismo.

Después y a lo largo de una decena de años repartí mi tarea en la sección deporte, especialmente el automovilismo, hechos policiales y crónicas de juicios orales desde tribunales, compartiendo tiempo y espacio con profesionales como Walter Godoy, Rodolfo Mikan, Roberto Aldo Mas, Enrique Romero, Hugo Horacio Herrera y Rodolfo Braceli, entre muchos otros. Y entre los recuerdos de esos años, hay uno que aún permanece en mi memoria y es la entrevista (la última dada a un medio periodístico) que me brindó el maestro de abogados Sebastián Soler, en su estudio de la Capital Federal.

Contacto gestionado por el penalista mendocino Juan Carlos Aguinaga, mientras que el casete de esa nota la guardó, en ese tiempo, el hoy fallecido fiscal Roberto Lavado.

El cierre

Nueve años después, el diario Mendoza fue adquirido por el Grupo Greco bajo la denominación de Prensa del Oeste, hasta que el Ejecutivo Nacional intervino unas 40 empresas del grupo, entre los que se encontraba el diario que cerró sus puertas hasta que un par de meses más tarde, bajo la órbita del Ministerio de Economía de la Nación y en tamaño tabloide pasó a llamarse "Hoy", curiosamente ese cambio se produjo también un día en el mes de marzo de 1987.
Pero como era de esperar, Economía de la Nación le dio de baja definitivamente y si bien la medida fue resistida por los trabajadores, la policía desalojó al personal reclamante.
Y la provincia se vio privada de otro medio periodístico repitiendo la historia pasada y la futura también. 


 
 
 
 
 
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